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Internacional

Trump aprieta el cerco sobre Cuba

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Mientras la administración de Donald Trump mantiene su mirada en dos grandes objetivos durante 2026 —Nicolás Maduro e Irán—, el presidente estadounidense no ha perdido de vista a la isla caribeña. El mandatario ha declarado que, una vez concluidas las acciones militares en Irán, se propone “tomar el control de Cuba”. Mientras tanto, ha intensificado una ofensiva económica que ya tiene al régimen cubano al borde del colapso energético y humanitario.

El bloqueo que ahoga a la isla

Como parte de su estrategia, Trump inició los ataques a Cuba mediante un bloqueo económico que impide el abastecimiento de combustible. La captura de Nicolás Maduro a principios de 2026 fue un golpe decisivo: Venezuela, principal proveedor de petróleo a la isla desde la era de Hugo Chávez y Fidel Castro, suspendió de inmediato los envíos.

Pero la presión no terminó allí. Trump amenazó con imponer aranceles a cualquier país que auxiliara a Cuba. México, bajo esa advertencia, también detuvo el suministro de petróleo. Aunque Rusia y el propio México han enviado ayuda humanitaria y algunos cargamentos de crudo, el 13 de mayo el ministro de Energía cubano reconoció que el país se había quedado completamente sin combustible para mantener operativas sus plantas eléctricas.

La imputación a Raúl Castro y el objetivo del cambio de régimen

A la crisis energética se suma la reciente imputación contra el expresidente Raúl Castro por el presunto asesinato de tres estadounidenses. Según Trump, el bloqueo tiene un solo propósito: forzar un cambio de régimen. “Cuba caerá muy pronto”, ha asegurado el mandatario.

Sin embargo, los líderes cubanos mantienen una postura desafiante. “Frente al peor escenario posible, Cuba cuenta con una certeza: cualquier agresión externa será respondida con una resistencia inquebrantable”, escribió en marzo el presidente Miguel Díaz-Canel en su perfil de X.

¿Qué quiere realmente Trump de Cuba?

La raíz del conflicto se remonta a 1999, cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela y forjó una alianza estratégica con Fidel Castro. El petróleo venezolano se convirtió en el salvavidas energético de la isla. Esa relación se mantuvo incluso tras la muerte de Chávez en 2013, pero se derrumbó con la captura de Maduro.

Trump ha sido claro: quiere el petróleo cubano y que los empresarios estadounidenses puedan invertir en la isla. Su amenaza arancelaria contra quienes sigan apoyando a Cuba ha sido un arma efectiva para aislar aún más al régimen.

Un régimen en caída libre

La economía cubana ya estaba debilitada antes de esta escalada, pero ahora se encuentra en “caída libre”, afectando gravemente la calidad de vida de los 10 millones de habitantes. Sin combustible para la red eléctrica, los apagones son recurrentes. La gasolina es racionada y el turismo se ha desplomado: el gobierno advirtió a las aerolíneas que no podrá abastecerlas de combustible.

Las protestas crecen. En marzo, manifestantes prendieron fuego a la sede local del Partido Comunista. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha admitido que las acciones de Estados Unidos empujan a Cuba al borde de una crisis humanitaria.

Rusia envió un buque con 730 mil barriles de petróleo a finales de marzo, lo que redujo temporalmente los apagones, según el ministro de Energía, Vicente de la O Levy. Pero Cuba necesita 100 mil barriles diarios, y a inicios de abril los apagones regresaron. No ha llegado más apoyo desde entonces.

El papel de Marco Rubio y las presiones regionales

El bloqueo económico no es nuevo: comenzó en la década de 1960. Pero Marco Rubio, secretario de Estado de Trump, hijo de padres cubanos y nacido en Florida, ha endurecido las sanciones. También ha presionado a Guatemala, Honduras y Jamaica para reducir su dependencia de las misiones médicas cubanas, una fuente clave de ingresos para La Habana.

Bajo presión de Washington, Ecuador y Costa Rica rompieron relaciones diplomáticas con Cuba. Para Rubio, el colapso del régimen representaría un impulso político invaluable entre el poderoso bloque electoral cubanoamericano del sur de Florida.

Los riesgos para Trump: una nueva ola migratoria

Si el régimen cubano cae, Trump podría ser responsable de un fenómeno contra el que ha luchado encarnizadamente: la migración masiva. Desde que inició su administración, ha implementado redadas y centros de detención. Sin embargo, miles de cubanos podrían salir directo hacia Estados Unidos, especialmente Florida, en busca de mejores condiciones.

Históricamente, las crisis en Cuba han provocado éxodos masivos. En 1980, el éxodo del Mariel llevó a más de 125 mil cubanos a Florida en pocos meses. El actual éxodo, iniciado durante la pandemia de COVID-19, ya superó esa cifra y no muestra señales de desaceleración, según Bloomberg. Desde 2020, La Habana ha perdido más de 2.75 millones de habitantes, calcula el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos.

Además, la caída del régimen podría desestabilizar otros países de América Latina y provocar reacciones de China y Rusia, aliados ideológicos de Cuba.

Negociaciones en secreto

Pese a la tensión, el gobierno cubano admitió el 13 de marzo que existen negociaciones con Estados Unidos. Funcionarios estadounidenses han sostenido conversaciones con diversos representantes cubanos, incluido Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, quien tendría estrechos vínculos con GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas.

Hace una semana, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó la isla para conversaciones de alto nivel. Mientras tanto, Cuba ha realizado gestos para calmar a Trump: liberación de presos políticos, permisos a cubanos residentes en el extranjero para invertir y crear empresas locales, y autorizaciones para que negocios privados importen su propio combustible.

La tensión, sin embargo, sigue creciendo. La pregunta que queda en el aire es si el régimen podrá resistir o si Cuba se convertirá en el próximo capítulo de la estrategia de Trump en América Latina.