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Armas biológicas: cuando las enfermedades se convierten en el peor enemigo de la humanidad
Es aterrador pensar que a las enfermedades, tan devastadoras en distintas épocas de la humanidad, se les pueda agregar un factor todavía más perverso: que comunidades o Estados las utilicen para someter a sus “enemigos”, sin medir las consecuencias de un acto tan atroz. Así que, para entender el presente, vale la pena repasar cómo el estudio de los agentes biológicos se convirtió en una de las amenazas más graves para la vida de las personas.
¿Qué es un ataque biológico?
Un ataque biológico es la liberación intencional de agentes biológicos —microorganismos como bacterias, virus, hongos y otros— que pueden infectar, enfermar o matar a personas, ganado o cultivos. Estos agentes pueden presentarse en forma de polvos, gases o vapores, y contagiarse a través de membranas mucosas, inhalación, inyecciones, picaduras o incluso por contacto con la piel.
A eso se suma su enorme capacidad de adaptación. La sola idea de un ataque bioterrorista resulta especialmente preocupante por lo devastador que puede llegar a ser, y porque sus vías de propagación pueden ser tan cotidianas como una carta, un animal, una bebida o las propias personas.
El ántrax que llegó por correo a Estados Unidos
En 2001, días después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, Estados Unidos fue objeto del que se considera el peor ataque biológico en su historia. Una serie de cartas infectadas con esporas de la bacteria Bacillus anthracis —agente infeccioso de todas las formas de ántrax— fueron enviadas por correo a distintos objetivos. Los mensajes que acompañaban las misivas proclamaban la muerte de América e Israel, e incluían referencias religiosas vinculadas a Alá.
Entre el 4 de octubre y el 20 de noviembre de ese año, cinco personas fallecieron y más de una decena contrajo ántrax. A más de 25 años de aquel horrible ataque, y con una “estabilidad mundial” cada vez más en jaque, muchos se preguntan si realmente estamos preparados para enfrentar un evento similar o cuáles son las probabilidades de que algo así vuelva a suceder.
Antecedentes históricos: animales, pozos contaminados y la peste negra
Las prácticas de guerra biológica tienen registros muy antiguos. Entre los siglos IV y III antes de Cristo, se llevaba ganado infectado de tularemia a territorio enemigo. Durante el Imperio romano, en el siglo XII, se contaminaban manantiales con cadáveres humanos: los cuerpos se pudrían e imposibilitaban el uso del agua.
Pero fue en el siglo XIV cuando la historia cambió por completo con lo que muchos historiadores y científicos consideran el primer ataque biológico documentado: no solo se utilizó la enfermedad como arma, sino que se implementó un ataque directamente con ella.
El asedio mongol a Caffa
Gengis Kan —cuyo nombre puede traducirse como “Rey Océano”— forjó uno de los imperios más grandes de la historia de la humanidad, abarcando desde las costas chinas hasta lo que ahora es Polonia. Ya en el siglo XIV, el poderío mongol seguía presente en partes de Europa. Uno de esos enclaves era la ciudad comercial de Caffa, ubicada en la actual península de Crimea.
En 1307, Caffa fue sitiada por los mongoles en un primer intento de conquista. Cuarenta años después, las tropas mongolas regresaron bajo el liderazgo de Jani Beg. Mientras permanecían afuera de las murallas, los soldados comenzaron a enfermar y morir. La causa era la peste negra, considerada la epidemia más mortífera en la historia de la humanidad.
En esa época nadie sabía que la peste bubónica se originaba con la bacteria Yersinia pestis, que afectaba a las ratas negras y, por ende, a las pulgas. Cuando las pulgas picaban a los humanos, los contagiaban.
Ante la devastación que la enfermedad causaba entre sus propias filas, Jani Beg ordenó lanzar con catapultas los cadáveres de los soldados infectados al interior de la ciudad amurallada. Para 1347, Caffa se rindió. Aunque los historiadores señalan que este episodio no fue la causa principal de la propagación de la peste negra en Europa, se le reconoce como el primer ataque de guerra biológica registrado.
El presente: convenios y amenazas latentes
Actualmente existe la Convención sobre las Armas Químicas, en vigor desde 1997, un tratado internacional que “prohíbe el desarrollo, la producción, el almacenamiento, la transferencia y el empleo de armas químicas, y dispone además la destrucción de estas armas en un plazo de tiempo específico”.
Pensar en las enfermedades como armas puede sonar a argumento de una película apocalíptica, pero la realidad es que forman parte de la historia de la humanidad desde hace siglos. Quizás lo más aterrador no es la existencia de virus, bacterias o epidemias devastadoras, sino la capacidad humana de convertirlas en herramientas de guerra, control y terror.