Interesante
El Códice de Azcatitlan regresa a México tras casi 200 años
El Códice de Azcatitlan, testimonio invaluable que relata alrededor de 500 años de historia de la civilización mexica —desde su migración hasta los años posteriores a la conquista y la caída de Tenochtitlán—, regresa a México después de casi dos siglos, aunque de manera temporal, en el contexto de los 200 años de amistad entre nuestro país y Francia.
El pasado 17 de septiembre, las secretarías de Cultura y de Relaciones Exteriores presentaron una exposición de entrada libre que resguardará el Códice de Azcatitlan, documento que no se encontraba en territorio mexicano desde 1840 y cuyo retorno coincide con el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia.
El acuerdo alcanzado contempla, además, que el Códice Boturini —resguardado actualmente en México— viaje a Francia como parte del intercambio.
Dónde y cuándo verlo
El Códice de Azcatitlan permanecerá en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Nacional de Antropología, a partir del 18 de septiembre y hasta el 6 de diciembre, bajo la muestra El Códice Azcatitlan. México-Francia, 200 años de amistad.
La entrada es libre y gratuita. Además de este importante códice, los visitantes podrán encontrarse con otras 25 piezas que abordan seis ejes temáticos: Códices originarios: Tradición prehispánica; Pervivencia cultural: Los códices virreinales; Del origen al acervo; Códice Azcatitlan; Mitos fundacionales y las migraciones míticas; y Descubrimientos y perspectivas actuales.
Una travesía de más de 400 años
Se sabe que el Códice de Azcatitlan data de la última parte del siglo XVI y que narra la historia de los grupos mexicas desde su salida y sus migraciones hasta los años posteriores a la conquista de la corona española.
Su presencia en Francia se explica por una larga cadena de transmisiones: como ocurre con varios códices y documentos mesoamericanos, este manuscrito pasó de mano en mano y estuvo bajo la propiedad de distintos personajes e instituciones por más de 400 años.
La historia señala a don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl —integrante de la alta nobleza indígena en la Colonia y bisnieto de Nezahualpiltzintli de Texcoco y de Ixtlilxóchitl— como una de las primeras personas que mantuvo el códice bajo su resguardo.
Tras su muerte, el documento pasó junto con otros papeles a ser propiedad de Carlos de Sigüenza y Góngora, cuya biblioteca formaría parte del acervo de un grupo de jesuitas mexicanos.
Posteriormente, parte de este conjunto documental llegó a manos de Lorenzo Boturini Benaduci, un caballero que viajó de Italia a la Nueva España en 1736 para trabajar con la condesa de Moctezuma.
En tierras novohispanas, Boturini se encargó de conformar una de las compilaciones más importantes de estos códices, entre ellos el Códice Boturini o la Tira de la Peregrinación de los Mexicas.
Sin embargo, debido a malentendidos con las autoridades, Boturini fue deportado y sus documentos quedaron bajo el poder de la Secretaría de Cámara del Virreinato en 1743.
Todo indica que esta secretaría perdió el resguardo del Códice de Azcatitlan, que volvió a pasar de propietario en propietario hasta que se realizaron un par de copias y llegó a manos de Joseph Marius Alexis Aubin, director de Ciencias de la Escuela Normal Superior de París.