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Estados Unidos golpea de nuevo a Irán: una escalada que sacude Oriente Medio y los mercados globales

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La frágil calma que apenas comenzaba a instalarse en Oriente Medio se desvaneció este miércoles con una nueva ofensiva militar de Estados Unidos contra el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Los bombardeos estadounidenses alcanzaron decenas de objetivos estratégicos, entre ellos centros de mando militar, instalaciones de misiles y drones, puestos de vigilancia, defensa costera y activos navales, según detalló el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) a través de su cuenta en la red social X.

El Pentágono justificó la operación como una medida necesaria para “reducir las amenazas que Irán y sus aliados representan para las fuerzas estadounidenses, el transporte marítimo comercial y los países vecinos del Golfo”. Aunque el CENTCOM calificó los ataques como una “oleada intensa”, fuentes consultadas señalaron que la campaña no alcanzó infraestructura civil crítica —como puentes o plantas energéticas—, lo que sugiere que Washington, por ahora, mantiene ciertos límites en su respuesta.

Sin embargo, el tono del presidente Donald Trump no dejó espacio para dudas sobre la determinación de su administración. “Vamos a golpearlos con mucha fuerza porque ahora nos toca a nosotros”, declaró el mandatario ante la prensa en la Casa Blanca, en una comparecencia que contrastó radicalmente con sus palabras de apenas 24 horas antes, cuando aseguraba que las conversaciones con Teherán avanzaban positivamente.

La tregua que duró un suspiro

El fin de semana pasado, ambos países habían suspendido sus intercambios de fuego en un intento por reactivar canales diplomáticos y poner fin a una guerra que ya se extiende por meses. Pero ese alto el fuego informal saltó por los aires el martes por la noche, cuando la Guardia Revolucionaria lanzó un ataque sorpresa con varios misiles balísticos contra una base militar estadounidense en Jordania.

Las defensas antiaéreas de Washington lograron interceptar todos los proyectiles, según confirmaron fuentes oficiales estadounidenses, pero el simple hecho del ataque disparó las alarmas en los mercados energéticos. El precio del petróleo se disparó ante el temor de un retorno a una guerra total en una de las regiones más sensibles del planeta para el suministro de crudo.

El momento no pudo ser más paradójico: apenas horas antes del ataque iraní, Trump había declarado que Washington y Teherán estaban “progresando” en las negociaciones y que prefería un acuerdo diplomático a una escalada militar. Pero el miércoles, ya con los misiles en el aire, el presidente cambió radicalmente su discurso. En una entrevista telefónica con Fox News, prometió una respuesta contundente. Y cumplió.

Un frente regional en llamas

El conflicto, lejos de limitarse a un duelo bilateral entre Estados Unidos e Irán, se ha extendido como una mancha de aceite por toda la región. Este martes, Estados Unidos y Arabia Saudita lanzaron ataques coordinados contra milicias respaldadas por Teherán en Irak, después de que Riad anunciara haber interceptado drones lanzados contra sus instalaciones petroleras.

En el Mar Rojo, los rebeldes hutíes —también aliados de Irán— intensificaron sus hostigamientos contra embarcaciones, mientras que en Egipto se registró un hecho sin precedentes: dos buques de gas natural licenciado en el puerto de Damietta sufrieron incendios a bordo, en lo que los analistas de seguridad califican como el primer ataque en territorio egipcio desde el estallido de la guerra. Una firma privada de seguridad apuntó a drones como los responsables del incidente.

El petróleo, el termómetro del miedo

Los precios del crudo habían mostrado cierta moderación durante los días de tregua, pero volvieron a dispararse el miércoles tras las amenazas de Trump. El Brent, referencia europea, se mantuvo cerca de los 90 dólares por barril, después de haber escalado casi un 8% en la jornada anterior. El mercado parece atrapado en una montaña rusa emocional, pendiente de cada declaración y cada explosión.

Mientras tanto, la diplomacia parece haber quedado en segundo plano. Trump ha insistido en que un acuerdo con Irán está “más cerca que nunca”, pero Teherán niega rotundamente que existan conversaciones activas con Washington. La grieta entre el discurso y los hechos se ensancha, y con ella, la incertidumbre sobre hacia dónde se dirige este conflicto que ya tiene en vilo a todo Oriente Medio y a la economía global.

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