Internacional
La desesperación crece en Colombia mientras rescatan sobrevivientes y el número de víctimas mortales asciende a 227
La angustia se intensifica entre los escombros de las ciudades colombianas devastadas por el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el centro y occidente del país el pasado lunes. A dos días de la tragedia, los equipos de rescate libran una carrera contra el tiempo para localizar con vida a los cientos de desaparecidos, mientras las cifras oficiales de fallecidos no dejan de crecer.
El presidente Abelardo de la Espriella informó el martes que el sismo había dejado al menos 181 muertos. Sin embargo, el Instituto Nacional de Medicina Legal actualizó la cifra este miércoles al confirmar que ha recibido 227 cuerpos. El mandatario detalló además que 2 mil 595 personas resultaron heridas y que al menos 195 permanecen desaparecidas, aunque organizaciones de la sociedad civil elevan esa cifra a cerca de 4 mil.
Rescates que encienden la esperanza
En medio de la tragedia, hay destellos de alegría. En Pereira, una de las localidades más golpeadas, los rescatistas lograron extraer con vida a Daniela Largo tras más de 12 horas de labores. Los equipos abrieron un pequeño orificio entre el concreto para liberar su brazo atrapado, lograron canalizarla y la trasladaron en camilla a un centro médico.
Pero la misma ciudad también fue escenario del dolor: este miércoles, el cuerpo sin vida de un hombre fue sacado de otro edificio colapsado, cubierto con una manta blanca, en una imagen que se repite en múltiples puntos de la zona afectada.
En Cali, un bebé cubierto de polvo fue rescatado a través de una grieta en un muro de concreto, mientras los espectadores aplaudían al ver a una mujer ser subida a una camilla. Escenas como estas alimentan la esperanza en medio de la desolación.
El dolor de las familias
En la morgue de Palmira, en el departamento de Valle del Cauca, Luciano Restrepo, de 56 años, buscaba el cuerpo de su hijo David Steven, un estudiante de idiomas de 26 años que falleció cuando una pared de un edificio se desprendió. “Era el que nos ayudaba económicamente porque no estaba casado”, lamentó el padre, en un testimonio que refleja el drama humano detrás de las cifras.
Respuesta gubernamental y solidaridad internacional
El presidente De la Espriella declaró tres días de duelo nacional y activó una “situación de desastre” por un año, una medida que busca acelerar la logística y la asistencia económica a las zonas afectadas.
La comunidad internacional también ha respondido. El papa León XIV expresó su solidaridad con el pueblo colombiano desde la Basílica de San Pedro: “Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, aseguro mis plegarias por sus familias y todos los que han sido golpeados por esta tragedia”.
Estados Unidos ofreció más de 15 millones de dólares en ayuda, mientras que México, a través de la presidenta Claudia Sheinbaum, manifestó su disposición para enviar cientos de rescatistas y sanitarios, así como toneladas de suministros médicos. El primer envío mexicano, con 19 efectivos del ejército y la Guardia Nacional, llegó este miércoles al país.
Sin embargo, el gobierno colombiano ha recibido críticas, como la de China, por presunta falta de gestión para recibir asistencia extranjera. El canciller Omar Bula defendió la postura oficial y aseguró que no se ha excluido a ningún país, pero que se busca canalizar la ayuda “de manera efectiva” según las necesidades sobre el terreno.
La carrera contra el reloj
Los equipos de rescate continúan revisando los escombros en Pereira, Cali, Manizales y Quibdó, las ciudades más afectadas. El alcalde de Cali, Alejandro Eder, enfatizó que están abocados a las tareas de rescate antes de que se cumplan las 72 horas críticas desde el sismo, el umbral considerado por los expertos como el período clave para encontrar sobrevivientes.
“Hemos de trabajar sin descanso. Son las horas más importantes”, declaró Eder.
Aunque el Servicio Geológico Colombiano ha registrado al menos 130 réplicas de menor magnitud, el sismólogo Rodrigo León Loya, de la Universidad de los Andes, explicó que la probabilidad de que ocurra otro sismo de magnitud similar en el mismo punto disminuyó tras liberarse la energía acumulada. No obstante, advirtió que Colombia está atravesado por fallas activas y que no se puede predecir cuándo podría ocurrir otro evento en otra zona.
Crisis humanitaria y refugios
Miles de personas permanecen en albergues temporales habilitados en estadios, escuelas y parques. Edith Penagos, de 48 años, se resguarda con su hijo adolescente en un refugio de Pereira. Su apartamento resultó dañado y teme que las réplicas provoquen su derrumbe. Como ella, miles de familias enfrentan la incertidumbre de no poder regresar a sus hogares.
La tragedia ha puesto en evidencia las complejidades de una región que ya sufría crisis de pobreza y conflictos armados. El acuerdo de paz de 2016 y la presencia de organizaciones humanitarias en algunas zonas, como Chocó —epicentro del sismo—, podrían facilitar la distribución de ayuda, según María José Torres, coordinadora residente de Naciones Unidas en Colombia.
“Hacemos un llamado a la comunidad internacional para que apoye a Colombia en este momento tan difícil”, concluyó Torres. Mientras tanto, el país sigue contando sus muertos y aferrándose a la esperanza de encontrar con vida a quienes aún permanecen bajo los escombros.