Internacional
Los Altos del Golán: el territorio estratégico que desata tensiones en Medio Oriente y ahora divide a América Latina
La decisión del gobierno colombiano encabezado por Abelardo de la Espriella de reconocer la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán ha vuelto a colocar en el centro del debate internacional esta meseta de 1.860 kilómetros cuadrados, cuya posesión ha sido motivo de fricción entre el Estado hebreo y el mundo árabe desde hace más de medio siglo.
El movimiento de Bogotá, que rompe con el consenso histórico de la comunidad internacional y replica la postura que adoptó Donald Trump en 2019, ha generado rechazo en diversos sectores diplomáticos y reavivó las preguntas sobre el estatus legal y geopolítico de este territorio enclavado entre Israel, Jordania, Líbano y Siria, y bañado por el mar de Galilea y el río Yarmouk.
Un territorio fértil, codiciado y en disputa
Los Altos del Golán no son solo una elevación geográfica. Su suelo fértil, sus fuentes de agua que alimentan el río Jordán y su ubicación privilegiada los convierten en una de las “joyas” estratégicas de la región. Desde su cima, la vista alcanza hasta Damasco, lo que otorga a quien los controla una ventaja militar invaluable.
Aunque la Organización de las Naciones Unidas reconoce formalmente a los Altos del Golán como parte del territorio sirio, la realidad sobre el terreno ha sido muy distinta desde 1967. Ese año, tras la Guerra de los Seis Días —en la que Israel se enfrentó a Egipto, Jordania y Siria—, el ejército israelí ocupó la meseta y desplazó a la mayoría de los 140.000 ciudadanos sirios que habitaban la zona, según documenta la Misión Permanente de Siria ante la ONU.
Solo algunas comunidades, como la de los drusos —una minoría étnica y religiosa árabe presente también en Líbano, Jordania e incluso en el propio Israel—, permanecieron en el territorio ocupado.
El intento fallido de Siria y la mediación de la ONU
En 1973, durante la Guerra Árabe-Israelí, Siria intentó recuperar los Altos del Golán por la fuerza, pero no logró su objetivo. Al año siguiente, la ONU intervino con el despliegue de la Fuerza de Observación de la Separación (UNDOF, por sus siglas en inglés), que estableció una zona de separación y ha supervisado el alto el fuego desde entonces.
Sin embargo, el estatus político del territorio dio un giro radical en 1981, cuando Israel declaró su anexión unilateral. Esta decisión fue rechazada de inmediato por la comunidad internacional y calificada como nula por el Consejo de Seguridad de la ONU.
El giro estadounidense y la réplica colombiana
Durante décadas, Estados Unidos mantuvo la postura de no reconocer la anexión israelí, alineado con el consenso global. Pero en 2019, la administración de Donald Trump rompió ese esquema y reconoció formalmente la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, argumentando que se trataba de una medida para contrarrestar posibles amenazas iraníes en la frontera norte de Israel. Aquella decisión allanó el camino para que, años después y en medio del conflicto bélico con Teherán, Washington e Israel llevaran a cabo ataques coordinados que desencadenaron una crisis petrolera y dejaron un saldo de víctimas civiles.
Ahora, en 2026, el gobierno de Abelardo de la Espriella ha dado un paso similar, convirtiéndose en uno de los pocos países —y el primero en América Latina en esta nueva etapa— en respaldar la posición israelí, pese al rechazo mayoritario de la comunidad internacional.
Distribución real del territorio y valor estratégico
En la actualidad, unos 1.200 kilómetros cuadrados de la meseta permanecen bajo ocupación israelí, mientras que la zona de separación controlada por la UNDOF abarca aproximadamente 235 kilómetros cuadrados, y el resto sigue bajo administración siria. Esta configuración refleja el fracaso de los intentos diplomáticos por resolver la disputa.
Más allá de los recursos hídricos y la fertilidad del suelo, el Golán es un puesto de observación privilegiado que permite a Israel monitorear los movimientos militares de Siria y de sus aliados en la región. Por eso, Siria insiste una y otra vez ante los foros internacionales en exigir la retirada israelí y el retorno del territorio a su soberanía, una demanda que, por ahora, sigue sin respuesta efectiva.