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Muere Yayoi Kusama, la reina de los lunares, a los 97 años en Tokio
El mundo del arte contemporáneo perdió a una de sus figuras más trascendentales. Yayoi Kusama, la creadora japonesa célebre por sus infinitos lunares, patrones obsesivos y espejos hipnóticos, murió el pasado 14 de agosto a los 97 años en un hospital de Tokio, de acuerdo con el anuncio difundido este jueves a través de su página web. El comunicado no precisó las causas del deceso.
Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, en la prefectura de Nagano, Kusama forjó una de las trayectorias más singulares y longevas del arte del siglo XX y XXI. Su universo creativo —poblado de puntos, redes y calabazas— desbordó géneros y fronteras: incursionó en la pintura, la instalación, el performance, el cine y la literatura, siempre con una obsesión constante: la repetición como vía para disolver el yo y fundirse con el infinito.
De las alucinaciones infantiles a las vanguardias de Nueva York
Kusama comenzó a dibujar alrededor de los diez años, cuando ya experimentaba alucinaciones visuales y un trastorno obsesivo compulsivo. A esas vivencias se sumaron abusos físicos y psicológicos dentro de su propio hogar. Lejos de refugiarse en el silencio, la artista convirtió el dolor en combustible creativo: sus lunares y redes fueron, desde entonces, un mecanismo de supervivencia y una forma de ordenar el caos.
Tras estudiar la pintura tradicional Nihonga en Kioto, en la segunda mitad de la década de 1950 decidió cruzar el Pacífico para instalarse en Nueva York, donde se sumergió en las corrientes más rupturistas de la época. En la gran manzana desarrolló lienzos de gran formato, instalaciones inmersivas con espejos y luces eléctricas, y performance que combinaban pintura corporal, moda y activismo antibelicista.
Su presencia fue tan magnética que influyó en artistas como Andy Warhol y Claes Oldenburg. Su célebre Narcissus Garden (1966), una intervención con bolas reflectantes que presentó en la Bienal de Venecia, sigue siendo uno de los hitos del arte conceptual.
El regreso a Japón y la creación desde el sanatorio
En 1973, Kusama regresó a su país. Diecisiete años después, en 1990, decidió ingresar voluntariamente a una institución psiquiátrica en Tokio, donde residió el resto de su vida. Desde allí, sin embargo, no detuvo su producción. Al contrario: fue en esas décadas cuando dio forma a algunas de sus series más ambiciosas, como My Eternal Soul, un conjunto de cerca de 900 pinturas realizadas entre 2009 y 2021.
Entre sus obras más emblemáticas figuran Phallic Girl (1967), Gleaming Lights of the Soul (2008) y las series Dots Obsession y Ascension of Polka Dots. Su calabaza amarilla con puntos negros, instalada en la isla de Naoshima, se convirtió en un ícono tan fotografiado como la propia artista.
Una carrera coronada con los máximos honores
El legado de Kusama fue reconocido con los galardones más altos de su país: recibió el Premio Asahi, la Orden de las Artes y las Letras, y la Orden del Sol Naciente. En 2006 se convirtió en la primera mujer en obtener el Praemium Imperiale, otorgado por la Asociación de Arte de Japón, y en 2016 fue condecorada con la Orden de la Cultura.
Su obra se expuso en los museos más prestigiosos del planeta: el MoMA de Nueva York, la Tate Modern de Londres, el Centro Pompidou de París, el Reina Sofía de Madrid y el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio, entre muchos otros.
En 2014 inauguró el Yayoi Kusama Museum en la capital japonesa, un espacio dedicado a difundir su universo obsesivo y luminoso.