Internacional
Nuevos aranceles de Trump tensan pactos comerciales
El acuerdo comercial alcanzado hace un año entre la Unión Europea y Estados Unidos en Turnberry (Escocia, Reino Unido) ha demostrado tener capacidad para estabilizar las relaciones transatlánticas, aunque la reciente imposición de nuevos aranceles por parte de la Administración Trump reabre interrogantes sobre su sostenibilidad a largo plazo.
La decisión de la Casa Blanca, anunciada anoche, afecta a 60 economías y establece un gravamen máximo del 10 por ciento sobre determinados productos europeos, un porcentaje que no supera el techo del 15 por ciento que ambas partes acordaron en el pacto original para las exportaciones del bloque comunitario.
La medida, que entra en vigor tres semanas después de que el tratado comenzara a aplicarse, también restablece las exenciones arancelarias para productos europeos como el corcho y los diamantes, que se suman a las ya existentes para aeronaves y sus componentes, medicamentos genéricos y principios activos.
Bruselas aplaude pero cuestiona los motivos
La Comisión Europea recibió “positivamente” el anuncio, al considerar que “se ajusta a los compromisos arancelarios” que el presidente estadounidense, Donald Trump, pactó con la presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, durante la cumbre de Escocia.
No obstante, la decisión añade tensión política y abre un nuevo espacio de conflicto, lo que evidencia que la agresiva —y en ocasiones impredecible— estrategia comercial de la Administración Trump sigue siendo el factor con mayor potencial desestabilizador para las relaciones transatlánticas.
Aunque celebra que Washington se adhiera al pacto, Bruselas cuestiona el pretexto utilizado para imponer los nuevos aranceles: la lucha contra el trabajo forzado a nivel global. “La UE ya cuenta con reglas sólidas” en esta materia, subrayó la portavoz del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho.
El acero y el aluminio, la gran asignatura pendiente
La Comisión Europea considera que el pacto ya ha cumplido su principal objetivo: evitar una guerra comercial con Estados Unidos. Sin embargo, el verdadero desafío se encuentra en los aranceles al acero y al aluminio, un asunto que podría determinar la continuidad del acuerdo.
Actualmente, Washington aplica un gravamen del 50 por ciento a estos productos, mientras que Bruselas aspira a que se reduzca al 15 por ciento. La UE ha dejado claro que podría suspender el tratado si Estados Unidos mantiene ese arancel más allá del 31 de diciembre de 2026, o si las preferencias arancelarias concedidas a Washington —que permiten exportar bienes industriales al 0 por ciento— ponen en riesgo la economía del bloque.
Si la Administración Trump avanza con lentitud o reemplaza solo parcialmente los aranceles del 50 por ciento por contingentes, la UE se enfrentaría a un dilema: cancelar el pacto y arriesgarse a una nueva escalada comercial, o tolerar una discriminación a un sector clave de la industria pesada europea.
Negociaciones abiertas para nuevas exenciones
A pesar de las tensiones, Bruselas confía en que el acuerdo permita seguir explorando nuevas reducciones arancelarias. La Comisión ha presentado a Washington una lista de productos estratégicos para los que desearía lograr exenciones, aunque por ahora no ha hecho público el contenido de dicha propuesta.
Lo que sí ha trascendido es el interés del bloque comunitario por avanzar en la rebaja de los aranceles al acero y al aluminio, un sector vital para la economía europea y que sigue siendo el punto más crítico para la estabilidad del tratado.
La UE ha instado a Estados Unidos a aceptar su propuesta, confiando en que el diálogo permita resolver las diferencias y consolidar un acuerdo que, pese a las turbulencias, ha logrado evitar hasta ahora una escalada comercial de mayores proporciones.