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Omán advierte a Europa: el estrecho de Ormuz no volverá a ser el mismo y los barcos podrían enfrentar nuevas tarifas

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El estrecho de Ormuz, esa angosta garganta marítima por donde fluye cada día una porción significativa del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una nueva tensión geopolítica. Omán ha transmitido a funcionarios europeos que el statu quo anterior a la guerra es insostenible y que las embarcaciones que transiten por esta vía estratégica podrían enfrentarse en el futuro al pago de tarifas, según revelaron fuentes familiarizadas con las conversaciones privadas.

El mensaje omaní, que ha encendido las alarmas en Washington y las capitales europeas, llega en un momento especialmente delicado. Aunque los funcionarios del sultanato insisten en que siempre respetarán el derecho marítimo internacional, han sugerido que podrían implementarse cobros por servicios vinculados a la descontaminación del estrecho o por la asistencia a los buques para navegar en estas aguas, que han sido escenario de hostilidades en los últimos meses.

Un precedente en el estrecho de Malaca

Las autoridades de Mascate están estudiando los modelos aplicados en otros puntos calientes de la navegación global, como el estrecho de Malaca, en el sudeste asiático. Sin embargo, en esa ruta tampoco existen peajes obligatorios, lo que añade incertidumbre sobre cómo podría materializarse este eventual sistema de tarifas.

La cumbre de París como termómetro

El presidente francés, Emmanuel Macron, recibirá este lunes en París al sultán Haitham bin Tariq en un encuentro que se prevé determinante para despejar el panorama. Según la oficina del mandatario francés, ambos líderes “abordarán la seguridad de las rutas marítimas, que depende del paso libre e incondicional por el estrecho de Ormuz”.

La cita llega en un momento en que las potencias mundiales redoblan sus esfuerzos diplomáticos para garantizar que el tránsito por este corredor marítimo, esencial para la economía global, continúe sin restricciones.

El telón de fondo: un estrecho bajo amenaza

Omán e Irán comparten las costas de este paso estratégico, por donde se transporta una parte sustancial del crudo y gas natural licuado del planeta. Desde finales de febrero, cuando Estados Unidos e Israel intensificaron sus ataques contra la República Islámica, Teherán recurrió al cierre de facto del estrecho mediante amenazas y agresiones contra embarcaciones. Los gobiernos occidentales también han señalado el probable sembrado de minas en algunas zonas del área.

Ahora, en pleno proceso de negociaciones de paz entre Washington y Teherán, Irán reclama una cogestión del tráfico marítimo junto a Omán, lo que ha elevado la tensión diplomática a un nuevo nivel.

El coste global de un peaje

La simple posibilidad de que se impongan tarifas a las embarcaciones ha puesto en alerta a toda la industria naviera y de materias primas. Los operadores calculan que estos cobros podrían suponer decenas de miles de millones de dólares anuales en costes adicionales, un impacto que se trasladaría inevitablemente a los precios de la energía a nivel mundial.

La respuesta de Estados Unidos

Un alto funcionario estadounidense, que habló bajo condición de anonimato, quiso lanzar un mensaje de tranquilidad: Irán habría asegurado a la administración de Donald Trump que no busca ni recibe peajes ni costes de seguros por el tránsito por el estrecho. No obstante, el mismo funcionario reiteró la posición firme de Washington: el presidente ha dejado claro que Teherán no puede imponer tarifas por el uso de esta vía marítima internacional.

Una posición compartida

La advertencia omaní ha generado un frente común entre gobiernos de ambos lados del Atlántico. Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han coincidido en señalar que cualquier intento de establecer peajes violaría el derecho marítimo internacional, abriendo un peligroso precedente para otros puntos estratégicos de navegación en el mundo.

El estrecho de Ormuz, que durante décadas fue sinónimo de vulnerabilidad energética global, se enfrenta ahora a una nueva realidad: la posibilidad de que su control se convierta no solo en una cuestión de seguridad, sino también en un negocio millonario para quienes dominan sus aguas.

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