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Omán descarta cobro de peajes en el estrecho de Ormuz y abre una grieta con la postura de Irán

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El estrecho de Ormuz, esa angosta garganta por donde fluye cerca del 30 % del petróleo marítimo del mundo, volvió a ser escenario de un pulso diplomático de alto voltaje. Este jueves, en Manama, el ministro de Exteriores de Omán, Badr al Busaidi, lanzó una declaración que tensa aún más la cuerda con Irán: los futuros acuerdos sobre la vía marítima, dijo, “no implicarán la imposición de ninguna tasa de tránsito”.

La afirmación llegó tras una reunión con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y los cancilleres del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), celebrada en la capital bareiní. El encuentro, que forma parte de la gira de Rubio por tres países de la región, tenía un tema central: cómo garantizar la libre navegación en un punto que es, a la vez, arteria económica y polvorín geopolítico.

La postura de Omán: un ribereño con voz propia

Omán, que junto con Irán comparte la soberanía de las aguas territoriales del estrecho —divididas equitativamente en su tramo más angosto—, ha asumido en los últimos meses un rol de interlocutor necesario. Al Busaidi subrayó que su país tiene “una responsabilidad especial” en apoyar los esfuerzos internacionales para asegurar la libertad de navegación. Y fue más allá: dejó claro que cualquier entendimiento futuro no pasará por la casilla del cobro.

“Los acuerdos futuros relacionados con el estrecho no implican la imposición de ninguna tasa de tránsito”, enfatizó el comunicado oficial omaní, en un mensaje que parece diseñado para marcar distancia de la posición iraní.

Rubio: “Inaceptable”, pero abierto al diálogo

Marco Rubio, por su parte, fue contundente al calificar como “inaceptable” la intención de Irán de imponer tarifas a los buques que transitan por Ormuz. Sin embargo, el jefe de la diplomacia estadounidense matizó que Washington mantiene la puerta abierta a un acuerdo con Teherán, aunque dejó una condición clara: “no a cualquier precio”.

La frase, cargada de significado, refleja la compleja dualidad de la administración estadounidense: dispuesta a negociar, pero firme en sus líneas rojas. Y el estrecho de Ormuz, con su valor estratégico incalculable, es precisamente una de esas fronteras que no está dispuesta a ceder.

Irán, en la otra orilla

Mientras tanto, Irán mantiene su postura de larga data: reclama la gestión conjunta del paso y defiende el derecho a cobrar “peajes” por su uso, una posición que ha generado rechazo no solo entre los vecinos árabes del Golfo, sino también en la comunidad internacional, que ve en esa pretensión una amenaza a la libertad de navegación.

Teherán y Mascate, sin embargo, han sostenido conversaciones bilaterales sobre la futura administración del estrecho, la navegación marítima y los posibles mecanismos de financiamiento. Pero las palabras de Al Busaidi este jueves sugieren que Omán no está dispuesto a respaldar la fórmula iraní, al menos en el punto clave de los aranceles.

Un pulso que no cesa

El estrecho de Ormuz, con sus 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, ha sido durante décadas un termómetro de las tensiones regionales. Cada declaración, cada maniobra naval, cada amenaza de cierre, resuena en los mercados energéticos globales. La reunión de Manama no resolvió el conflicto de fondo, pero sí dejó en claro que, en esta partida, Omán ha decidido jugar sus propias fichas.

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