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Polémica en el Tour de France: pruebas antidoping nocturnas desatan críticas y un accidente reaviva el debate

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El Tour de France, la carrera ciclista más prestigiosa del mundo, se ha visto sacudido en las últimas jornadas por una controversia que trasciende el asfalto y los puertos de montaña. La Agencia Internacional de Control Antidopaje (ITA) ha intensificado sus pruebas fuera de competición, pero los horarios elegidos —en plena madrugada— han generado un fuerte malestar entre los corredores, que denuncian un impacto directo en su rendimiento y su salud.

El debate alcanzó su punto más álgido tras la caída de Jonas Vingegaard, bicampeón defensor, quien se fracturó la clavícula a 20 kilómetros de la meta en la etapa 15 y tuvo que abandonar la carrera. Varias voces dentro del pelotón han señalado que el accidente podría estar relacionado con el cansancio acumulado, agravado por una prueba antidoping que el danés tuvo que realizar a las 2 de la madrugada del mismo día.

Despertares a las 2 y a las 5 de la madrugada

Durante la noche previa a la etapa 15, los dos grandes favoritos de la ronda gala fueron sometidos a controles sorpresa en horarios poco convencionales: a Vingegaard le tocó a las 2:00 horas, mientras que Tadej Pogacar fue citado a las 5:00 de la mañana. Ambos vieron interrumpido su descanso en plena fase de recuperación, un factor que los expertos consideran crítico en una competición de tan alta exigencia física.

Según el reglamento, este tipo de pruebas en horarios extraordinarios deben estar rigurosamente fundamentadas en sospechas claras de infracción. Si el deportista no presta su consentimiento, los responsables deben recurrir a un juez de libertades y detención para autorizar la extracción. En la práctica, sin embargo, los ciclistas se sienten obligados a colaborar para evitar señalamientos.

La CPA alza la voz: “Afecta la salud y la seguridad”

La Asociación de Ciclistas Profesionales (CPA) emitió un comunicado en el que cuestiona abiertamente la pertinencia de estos controles nocturnos. “Interrumpir su descanso en mitad de la noche para realizarles pruebas exige una seria reflexión”, señala el texto, que recuerda que los objetivos del Código Mundial Antidopaje incluyen “la protección de la salud de los atletas” y “el mantenimiento de la equidad en el deporte”.

“El Tour de Francia es una competición que exige un esfuerzo físico excepcional. La calidad del sueño y la recuperación son esenciales no solo para el rendimiento, sino también para la seguridad de los ciclistas”, añade la nota, que advierte que estas prácticas dificultan la recuperación y “contradicen los objetivos” previstos por la normativa.

Acusaciones de favoritismo hacia Seixas

La polémica se ha visto alimentada por otro frente: el presunto trato desigual hacia el francés Paul Seixas, joven promesa local que pelea codo a codo con el mexicano Isaac del Toro por el maillot blanco de mejor joven. Según declaraciones del esloveno Matej Mohoric, del equipo Bahrain Victorious, el galo no habría sido sometido a las pruebas nocturnas, lo que le habría permitido descansar sin interrupciones.

“Sería bueno garantizar la igualdad de trato para todos”, declaró Mohoric, quien también tuvo que pasar por el control a las 5 de la madrugada. “Sabemos que este ciclista francés, que está bien posicionado en la clasificación general, no se sometió a esa prueba”, añadió, sembrando dudas sobre la imparcialidad de los controles.

El fantasma de Armstrong y el endurecimiento de las pruebas

El Tour de Francia carga con el estigma del dopaje desde la era de Lance Armstrong, cuyo escándalo sacudió los cimientos del ciclismo mundial. Para evitar que la historia se repita, la ITA ha desplegado este año un dispositivo sin precedentes: más de 40 técnicos sanitarios, 360 pruebas fuera de competición en el mes previo a la carrera, y alrededor de 600 muestras durante el evento, con un énfasis especial en el Pasaporte Biológico del Atleta y el almacenamiento de muestras durante 10 años para reanálisis futuros.

El refuerzo de los controles, sin embargo, ha chocado con la realidad del descanso de los corredores, y el accidente de Vingegaard ha abierto un debate que promete extenderse más allá de la meta final en París.

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