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¿Quién es dueño de la Luna? De Selene a la ONU
En la mitología griega, la Luna le pertenecía a la titán Selene, hija de Tea e Hiperión. Más tarde, este satélite fue asociado a la diosa Artemisa (hermana de Apolo) y, en la tradición romana, a Diana o incluso a Venus. Pero en pleno siglo XXI, con nuevas carreras espaciales en marcha, la pregunta sigue vigente: ¿de quién es realmente la Luna?
La respuesta, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es sencilla en apariencia pero compleja en sus implicaciones: la Luna no tiene dueño. O mejor dicho, le pertenece a toda la humanidad, pero sin fines de lucro y bajo estrictas normas de cooperación internacional.
Cinco tratados para evitar una guerra en el espacio
Para prevenir conflictos políticos y militares, la ONU ha desarrollado cinco tratados internacionales sobre el espacio ultraterrestre, muchos de ellos firmados en plena Guerra Fría y durante la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
El objetivo principal de estos acuerdos es impedir que algún país reclame posesión de la Luna o la utilice como plataforma para fines armamentistas, incluido el desarrollo de armas nucleares.
Tratado del Espacio Ultraterrestre (1967): el pilar fundamental
Firmado originalmente por Reino Unido, Estados Unidos y la extinta Unión Soviética (representada hoy por Rusia), este tratado establece que las exploraciones en el espacio exterior, incluida la Luna, deben realizarse en beneficio e interés de toda la humanidad.
El pacto, vigente desde 1967, prohíbe explícitamente que cualquier país reclame la propiedad de la Luna o de otros cuerpos celestes. Asimismo, veta la colocación y el uso de armas en el espacio exterior.
Acuerdo sobre la Luna: más específico y controversial
Este acuerdo profundiza en lo establecido por el tratado de 1967 y señala que la Luna pertenece a la humanidad. Además, prevé que, en caso de que naciones como China, Estados Unidos, India, Japón, la Unión Europea o incluso empresas privadas como SpaceX logren establecer presencia en el satélite, deberá crearse un sistema internacional para la gestión de sus recursos.
Astronautas, objetos y desechos: los otros tres acuerdos
Los tres tratados restantes abordan temas más específicos:
- Salvamento y devolución de astronautas: garantiza la seguridad y el retorno de los viajeros espaciales.
- Registro de objetos espaciales: obliga a gobiernos y empresas a registrar los artefactos lanzados al espacio.
- Convenio sobre responsabilidad: se anticipa a posibles incidentes y busca evitar la proliferación de desechos espaciales.
Las anécdotas: el abogado chileno y el empresario estadounidense que “registraron” la Luna
Más allá de los tratados, existen historias que parecen sacadas de una novela. Una de las más célebres es la del abogado, poeta y fundador de la Sociedad Telescópica Interplanetaria de Chile, Jenaro Gajardo Vera.
En 1954, Gajardo quiso ingresar a un exclusivo club social que exigía a sus miembros contar con una propiedad. Su solución fue declararse dueño de la Luna mediante un documento sin validez legal, en el que se autonombraba propietario del satélite desde antes de 1857. Cuenta la leyenda que, durante las misiones Apolo, el gobierno de Estados Unidos supuestamente le pidió autorización para alunizar.
Décadas después, el estadounidense Dennis Hope replicó la idea con un enfoque comercial. A partir de una interpretación personal del Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967, Hope dedujo que la Luna no era de nadie y envió una carta a la ONU reclamando su propiedad, así como la de otros ocho planetas y sus respectivas lunas.
Al no recibir respuesta alguna, Hope comenzó a vender terrenos lunares, haciéndose millonario. También ofreció parcelas en Marte y Venus. Su jugada jurídica aprovechó las generalidades de los tratados vigentes, que muchos expertos consideran necesitados de una actualización urgente ante el creciente interés público y privado por la exploración espacial.
Un vacío legal a punto de ser puesto a prueba
Con misiones lunares programadas por múltiples países y empresas privadas en la próxima década, la pregunta sobre la propiedad de la Luna volverá a estar sobre la mesa. Por ahora, la ONU sostiene que el satélite es patrimonio común de la humanidad. Pero como demostraron Gajardo y Hope, la letra pequeña de los tratados aún deja espacio para la imaginación… y para los negocios.