Internacional
Tensión en el Golfo: Irán dice haber atacado un dron estadounidense y Washington califica el anuncio de “mentira total”
Irán anunció este domingo que sus fuerzas atacaron una embarcación no tripulada de Estados Unidos que intentaba ingresar al estrecho de Ormuz, una afirmación que fue inmediatamente desestimada por las fuerzas armadas estadounidenses, que calificaron la versión iraní como una “mentira total”. El incidente representa el último episodio en una escalada de hostilidades que amenaza con desestabilizar aún más una de las rutas marítimas más vitales del planeta.
El presunto ataque ocurre un día después de que Estados Unidos informara que sus fuerzas atacaron tres petroleros iraníes en respuesta a un ataque con misiles contra buques de guerra de la Armada estadounidense. La guerra, que estalló con una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, parecía haber encontrado un respiro en junio cuando se anunció un alto el fuego. Sin embargo, los combates intermitentes nunca cesaron del todo, y ambas partes han aprovechado cada tregua para infligir daño militar y económico a su adversario, a la espera de negociaciones que hasta ahora no han dado frutos.
Una semana de recrudecimiento
La reanudación de los combates la semana pasada rompió un mes de relativa calma. El estrecho de Ormuz y las comunidades iraníes en sus costas volvieron a ser blancos de ataques. Al menos cinco personas murieron esta semana durante un bombardeo estadounidense en el sur de Irán, según fuentes locales.
El gobierno de Donald Trump parece haber adoptado una estrategia de doble vía: por un lado, responde militarmente a los ataques en el estrecho; por otro, intensifica la presión financiera sobre instituciones extranjeras que manejan fondos del gobierno iraní. Pero Teherán, ahora bajo el liderazgo de nuevas figuras de línea dura, ha dejado claro que no cederá, confiando en su capacidad para resistir décadas de sanciones.
El petróleo como arma y el programa nuclear como telón de fondo
Irán ha perfeccionado a lo largo de los años su habilidad para eludir sanciones y bloqueos, manteniendo a flote una economía asfixiada mediante una flota clandestina que transporta su crudo a compradores dispuestos a desafiar las restricciones de Washington. Esta red subterránea es clave para aliviar las crecientes presiones económicas sobre el régimen de los ayatolás.
Pero el verdadero eje del conflicto sigue siendo el programa nuclear iraní, el mismo que desencadenó la guerra. Las negociaciones para abordar este asunto se derrumbaron poco después de que Washington y Teherán firmaran un memorando de entendimiento a mediados de junio. Ahora, diplomáticos de Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania evalúan la posibilidad de remitir el caso de Irán al Consejo de Seguridad de la ONU por incumplimiento de sus obligaciones de no proliferación.
El estrecho de Ormuz, el talón de Aquiles global
En este escenario, Teherán ha encontrado en el estrecho de Ormuz su principal herramienta de presión. Este angosto paso marítimo, por el que transita cerca del 30 por ciento del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una guerra de desgaste. Antes del conflicto, era considerado una vía internacional protegida; hoy, es un campo de batalla donde cada movimiento es monitorizado y cada incidente puede desencadenar una escalada mayor.
Mientras Washington niega los ataques iraníes y Teherán acusa a Estados Unidos de agresiones, la comunidad internacional observa con creciente inquietud cómo la tensión en el Golfo no solo no se disipa, sino que se recrudece, amenazando con cerrar la llave del suministro energético global.