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Trump ordena cambiar el nombre del lago Ontario a “Lago América” en plena guerra comercial con Canadá

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El presidente de Estados Unidos cumplió este jueves una de sus amenazas más recientes y firmó una orden ejecutiva para cambiar el nombre del lago Ontario, que a partir de ahora será conocido como “Lago América” en la denominación oficial del gobierno estadounidense.

La medida, que entra en vigor de inmediato, se enmarca en la escalada de la guerra comercial entre Washington y Ottawa, luego de que ambos países aumentaran los aranceles a sus respectivos productos y anunciaran represalias mutuas en las últimas semanas.

La orden ejecutiva, sin embargo, no obliga a la comunidad internacional ni a los ciudadanos a adoptar el nuevo nombre, ya que solo tendrá validez en los documentos oficiales del Gobierno de Estados Unidos y en la cartografía federal. Canadá, que comparte las aguas del lago con el estado de Nueva York, no está obligado a reconocer el cambio.

“Tenemos un golfo y ahora un lago. Falta un océano”

Durante la firma del decreto, el mandatario estadounidense lanzó una broma que encendió especulaciones sobre posibles futuras modificaciones toponímicas. “Tenemos un golfo y tenemos un lago. Ahora todo lo que necesitamos es un océano. Tal vez tengamos que cambiar el nombre del Atlántico y/o del Pacífico. Tal vez los cambiemos a ambos”, declaró el presidente, en alusión al reciente cambio de nombre del Golfo de México por “Golfo de América”, una medida similar que ya había generado controversia con México.

El lago Ontario, que es el más pequeño de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica, tiene una superficie de aproximadamente 19 mil kilómetros cuadrados y sirve como frontera natural entre Estados Unidos y Canadá. Su nombre original proviene de la palabra iroquesa kaniatarí:io, que significa “lago brillante” o “bello lago”.

Un nuevo capítulo en la disputa comercial

La decisión de Trump de renombrar el lago Ontario se produce en un contexto de creciente tensión bilateral. La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá ha escalado en las últimas semanas con el incremento de aranceles a productos clave como el acero, el aluminio, los automóviles y los lácteos. Ambos países han intercambiado acusaciones de proteccionismo y han anunciado represalias que afectan a miles de millones de dólares en intercambios comerciales.

La orden ejecutiva, aunque simbólica, representa un nuevo golpe en la estrategia del presidente estadounidense para presionar a su vecino del norte. Analistas consideran que el cambio de nombre es una maniobra política más que una medida de gobierno sustantiva, pero no deja de reflejar la disposición de Trump a utilizar todos los recursos a su alcance —incluidos los simbólicos— en su confrontación comercial.

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