Internacional
La “Doctrina Donroe”: Trump redefine la supremacía de Estados Unidos tras la captura de Maduro
En un movimiento que combina retórica histórica y acción militar contundente, el presidente Donald Trump ha proclamado el resurgimiento de la Doctrina Monroe bajo un nuevo nombre: la “Doctrina Donroe”. El anuncio se produjo a bordo del Air Force One, apenas horas después de que una audaz operación estadounidense capturara al presidente venezolano Nicolás Maduro y lo trasladara a una prisión federal en Brooklyn.
“La Doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces, por muchísimo. Ahora la llaman la Doctrina Donroe”, declaró Trump a la prensa, subrayando su intención de reafirmar el liderazgo indiscutible de Estados Unidos en lo que describió como “nuestro hemisferio”.
De la teoría a la acción: “FAFO” como nuevo credo
La operación “Resolución Absoluta”, que incluyó infiltración, extracción y ataques aéreos en varias regiones de Venezuela, dejando decenas de muertos y heridos, representa la materialización más dramática hasta la fecha de esta política renovada. Con ella, la administración Trump envió un mensaje claro, resumido en el acrónimo “FAFO” –“fuck around and find out” (“juega con fuego y verás”)–, pronunciado por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, tras la captura.
La acción marca un giro radical desde la presión diplomática y económica ejercida desde el verano, desmintiendo a quienes predecían que Trump optaría por la contención. En menos de 24 horas, el gobierno estadounidense demostró su disposición a intervenir militarmente para imponer sus términos.
Fundamentos estratégicos y objetivos regionales
La reactivación de esta doctrina, que originalmente en el siglo XIX buscaba excluir a las potencias europeas de América Latina, ya estaba plasmada en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada el 5 de diciembre. El documento abogaba por “reafirmar y aplicar la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”.
Sin embargo, el enemigo ha cambiado. El objetivo ahora, según analistas, es principalmente contrarrestar la influencia económica y estratégica de China en la región, intentando cortar su acceso a cadenas de suministro de minerales e hidrocarburos. Al mismo tiempo, representa una advertencia para gobiernos de izquierda en la región, como los de Gustavo Petro en Colombia o Andrés Manuel López Obrador en México, frente a los cuales Trump no ha descartado acciones militares bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.
Prioridades reales: estabilidad funcional sobre democracia
La elección de interlocutores en Venezuela revela las prioridades prácticas de Washington. A pesar de años de respaldo retórico a figuras opositoras como María Corina Machado, la administración Trump parece estar explorando una transición guiada por figuras del chavismo como Delcy Rodríguez, en lugar de actores democráticos tradicionales. Esto sugiere, como señaló el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, una estrategia orientada a “cambiar comportamientos, no regímenes”.
El modelo deseado parece ser el de gobiernos aliados que ofrezcan “colaboración total”, similar a la de Nayib Bukele en El Salvador: mano dura contra el crimen, cooperación en deportaciones masivas de migrantes y alineamiento con la agenda de seguridad nacional estadounidense. Esta visión se entrelaza con los principios ideológicos del movimiento MAGA, que enfatiza la preservación de una identidad nacional “blanca y cristiana” frente a lo que percibe como amenazas demográficas y culturales.
Vendiendo la intervención a una base “America First”
El desafío interno para Trump será justificar esta intervención militar y gasto de recursos ante una base electoral a la que prometió desentenderse de conflictos extranjeros. El Departamento de Estado ya ha comenzado a enmarcar la acción en términos de seguridad nacional doméstica, tuiteando: “Este es NUESTRO hemisferio y el presidente Trump no permitirá que nuestra seguridad sea amenazada”.








