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Miles de réplicas y una pregunta persistente: ¿los sismos pequeños evitan un gran terremoto?

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A dos semanas del sismo de magnitud 6.4 que dejó una persona fallecida en la Ciudad de México, daños en la Torre de Control del Aeropuerto de Acapulco y afectaciones estructurales en Guerrero, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) reporta un enjambre de 3,946 réplicas, manteniendo en alerta a la población y reavivando una duda científica recurrente: ¿pueden estos movimientos menores prevenir un terremoto de gran magnitud?

La madrugada del 16 de enero, un nuevo temblor de magnitud 5.3 con epicentro en San Marcos, Guerrero, despertó a miles de habitantes, recordando la constante actividad sísmica del país. Este evento, junto con las miles de réplicas registradas, ha llevado a especialistas a aclarar un concepto clave para la población.

La respuesta científica: los microsismos no “liberan” energía suficiente
De acuerdo con una infografía explicativa difundida por el propio SSN, los sismos pequeños no retrasan la ocurrencia de terremotos mayores. Aunque liberan una mínima parte del esfuerzo acumulado en las fallas geológicas, la cantidad necesaria para equivaler a un gran sismo es astronómica.

El organismo ejemplifica: para liberar la energía de un terremoto de magnitud 9, se requerirían:

  • 31,000 millones de sismos de magnitud 2.0.
  • 1,000 millones de sismos de magnitud 3.0.
  • 31 millones de sismos de magnitud 4.0, todos en el mismo lugar.

“Dado que tener millones de sismos pequeños cada día en el mismo lugar es muy poco probable, queda claro que los temblores pequeños no alivian el esfuerzo sobre las grandes fallas geológicas para retrasar la ocurrencia de terremotos más grandes”, concluye el SSN. El organismo también subraya un principio fundamental: la ciencia aún no puede predecir cuándo ocurrirá un sismo.

La mirada hacia la Brecha de Guerrero: una zona de preocupación
La atención científica y de protección civil se mantiene enfocada en la denominada Brecha de Guerrero, una zona de 230 kilómetros en el Océano Pacífico, frente a la Costa Grande, donde no ha ocurrido un sismo mayor desde hace más de un siglo. Esta brecha es parte de la zona de subducción entre la Placa de Cocos y la Placa Norteamericana, la fuente de la mayor sismicidad en el país.

Guerrero concentra aproximadamente el 25% de la sismicidad nacional. Los registros históricos muestran terremotos significativos en la región, como los de 1957 (7.5 M) –que derribó el Ángel de la Independencia– y 1979 (7.6 M).

El riesgo se acumula con el tiempo
El SSN explica que, dado que la energía entre las placas se acumula constantemente, a mayor tiempo sin liberarse, mayor la probabilidad de un sismo grande. La Brecha de Guerrero registró su último gran terremoto (entre 7.5 y 7.8 M) entre 1899 y 1911. “Han pasado 108 años desde el último sismo en este lugar, por lo que se considera un sitio con alta probabilidad de ocurrencia para un sismo con magnitudes similares”, advierte el reporte especial del SSN.

Aunque en 2004 ocurrió un sismo de magnitud 6.3 en el extremo occidental de la brecha, no se considera que haya liberado la energía acumulada en toda la zona. Por ello, los expertos insisten en que la ocurrencia de miles de réplicas menores no reduce la posibilidad de un evento sísmico mayor, sino que es un recordatorio de la actividad constante de la Tierra y de la necesidad de mantener la preparación y la cultura de la prevención como únicas herramientas frente a este fenómeno natural.

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