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Prohibición de celulares en escuelas: ¿Solución educativa o medida controversial?

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Tras la prohibición de la venta de comida chatarra en las escuelas el año pasado, un nuevo debate ocupa la agenda educativa y legislativa: la posible restricción del uso de teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos personales durante las clases en la educación básica. Impulsada por el Partido del Trabajo (PT) mediante una reforma a la Ley General de Educación, la medida busca combatir la distracción digital y recuperar la atención en las aulas, generando opiniones divididas entre expertos, padres y docentes.

El antecedente: la experiencia de Querétaro
La propuesta no es nueva. En Querétaro, diversas escuelas ya han implementado filtros para que los dispositivos de estudiantes menores de 18 años no ingresen a los salones. Esta iniciativa se enmarca en un contexto preocupante: en promedio, los niños y adolescentes pasan hasta cinco horas diarias frente a pantallas, tiempo que, según especialistas, reduce su participación en actividades físicas, limita la convivencia familiar y afecta su capacidad de concentración.

El argumento a favor: atención, convivencia y desarrollo
Quienes apoyan la prohibición señalan que el uso indiscriminado de dispositivos en horario escolar perjudica directamente el aprendizaje. “Es un obstáculo claro. Disminuye la capacidad de atención y la interacción social entre alumnos”, explica una docente de secundaria. Expertos en neurodesarrollo advierten que las primeras dos décadas de vida son cruciales para el cerebro, y la exposición constante a notificaciones y redes sociales puede alterar su desarrollo.

Estudios internacionales citados en el debate indican que, tras una interrupción para revisar el celular, a un joven le puede tomar hasta 20 minutos volver a enfocarse en sus tareas. Además, se ha asociado el uso excesivo con problemas como adicción digital, estrés, falta de sueño, ansiedad y depresión, padecimientos que también afectan a poblaciones cada vez más jóvenes.

Las voces críticas y los matices
Sin embargo, algunos pedagogos y tecnólogos educativos cuestionan que una prohibición absoluta sea la solución más práctica. Argumentan que, bien utilizados, estos dispositivos pueden ser herramientas valiosas para la investigación, la creatividad y el aprendizaje interactivo. En lugar de una restricción total, proponen fomentar una educación digital crítica que enseñe a los estudiantes a autorregularse y a usar la tecnología de forma responsable.

“La distracción no es nueva. Antes eran las revistas o los recados en papel. El reto actual es educar para la convivencia con herramientas que forman parte indisoluble de la vida moderna”, señala un especialista en educación mediática.

Un llamado a la responsabilidad compartida
Más allá del ámbito escolar, el debate ha puesto sobre la mesa la necesidad de una supervisión activa por parte de las familias. Los defensores de la medida coinciden en que la regulación del tiempo de pantalla, la educación sobre privacidad en línea y el ejemplo de los adultos son componentes esenciales para un uso saludable de la tecnología.

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