Entretenimiento
Bad Bunny transforma el Super Bowl en un manifiesto de orgullo y resistencia latina
El escenario más icónico del deporte estadounidense se tiñó de puertorriqueño y latinoamericano este domingo, cuando Bad Bunny no solo ofreció un show vibrante en el halftime del Super Bowl, sino que lo convirtió en una poderosa declaración de identidad, orgullo y resistencia cultural en un contexto político polarizado.
Desde el momento en que fue anunciado como el primer artista latino en protagonizar este espacio con un repertorio completamente en español, el concierto estuvo cargado de expectativa y simbolismo. Lo que el mundo presenció no fue solo una fiesta musical, sino un acto político y cultural cuidadosamente orquestado.
Un jersey que habla: Ocasio 64
El primer mensaje llegó desde su atuendo. Bad Bunny portó un jersey con la leyenda “Ocasio 64” en la espalda. Aunque no existe una explicación oficial, las interpretaciones apuntan a un guiño de profundo significado. “Ocasio” es el apellido de su madre, mientras que el “64” podría referirse al año de nacimiento de ella o, en una lectura más política, al 64° Congreso de EE.UU. de 1917, que aprobó la Ley Jones-Shafroth. Esta ley, fundamental para Puerto Rico, otorgó la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños y estableció un gobierno civil electo en la isla, marcando una relación compleja que aún hoy define su estatus político.
Un mosaico de símbolos latinoamericanos
El espectáculo fue un viaje sensorial por los códigos compartidos de la comunidad. Se abrió con un título al estilo de las telenovelas, incluyó puestos callejeros de tacos y otros alimentos, escenas de boxeo y una representación de “La Marqueta”, el histórico mercado hispano de East Harlem, Nueva York. Este último elemento funcionó como un recordatorio visual de que la cultura latina es parte constitutiva, histórica y vibrante de los Estados Unidos.
Dos escenas particularmente emotivas resonaron en millones de hogares: un niño durmiendo sobre sillas apiladas en una fiesta, una imagen cotidiana y universal en las celebraciones familiares latinas; y un niño —que parecía un alter ego infantil del artista— viendo en televisión la entrega de un Grammy, soñando con el éxito que Bad Bunny encarna hoy.
Honrando los cimientos y compartiendo el escenario
El tributo musical no se limitó a su propia obra. En una transición, sonaron los beats de Tego Calderón, Daddy Yankee y Don Omar, pioneros que allanaron el camino global del reggaetón. Además, el artista compartió el foco con figuras emblemáticas: Ricky Martin hizo una aparición desde las icónicas sillas blancas de la portada del álbum DTMF, mientras que Lady Gaga sorprendió al fusionar su balada “Die With a Smile” con los ritmos de la salsa, género que Bad Bunny ha ayudado a revitalizar.
Un cierre con mensaje continental y político
El momento culminante llegó con el cierre. Bad Bunny modificó la frase tradicional “God Bless America” para extender esa bendición a toda América Latina, nombrando una lista de países. Con este gesto, reafirmó que “América” es un continente, mayoritariamente latino, y no sinónimo exclusivo de los Estados Unidos. La frase “Together We Are America” (“Juntos somos América”) en su balón reforzó este mensaje de unidad panamericana.
Detrás de él, una pantalla gigante proyectaba: “La única cosa más poderosa que el odio es el amor”. Una declaración que, en el actual clima de discursos antiinmigrantes y en un año electoral marcado por la figura de Donald Trump, fue interpretada como un mensaje directo de resistencia y afirmación de los valores de la comunidad a la que representa.
Bad Bunny cumplió: entregó un espectáculo de alta energía, pero trascendió el entretenimiento. Utilizó la vitrina global del Super Bowl, un símbolo de la cultura mainstream estadounidense, para celebrar la herencia puertorriqueña, honrar la diversidad latina y emitir un contundente mensaje de orgullo, pertenencia y amor frente a la adversidad.