Nacional
Doña Carlota aun sigue presa por defender su casa
Ma. Carlota Alfaro Quintana tiene 74 años, padece diabetes tipo 2 y cada día que pasa en el penal de Chalco su salud se deteriora más. Cuando ingresó necesitaba 10 mililitros de insulina al día, hoy necesita más del doble. Le han negado la prisión domiciliaria en repetidas ocasiones. Lleva encerrada desde el 4 de abril de 2025 por haber disparado contra los invasores que le arrebataron la vivienda a su hija en Chalco, Estado de México.
Hoy se conoció que Víctor Eladio Torres Ortiz, uno de los sujetos que participó en el despojo de la casa de su familia, fue sentenciado a apenas 6 años de prisión mediante un procedimiento abreviado. El tipo reconoció que el 27 de marzo de 2025, junto con otros miembros del “Sindicato 22 de Octubre”, invadió sin autorización el inmueble. Hasta ofreció una disculpa pública y con eso arregló todo.
Hay que recordar cómo empezó esta tragedia: Doña Carlota y su familia denunciaron el despojo ante las autoridades. La policía fue al inmueble y lo encontró vacío con candado. No hicieron nada más. Nadie actuó. Nadie protegió a la familia. Cuatro días después, desesperada y sin respuesta del Estado, la mujer de 74 años fue con sus hijos a recuperar lo suyo. La situación se salió de control, hubo disparos y dos personas murieron.
Así funciona la justicia en México: el invasor confiesa, negocia un procedimiento abreviado, pide perdón y recibe 6 años. La mujer de la tercera edad que agotó todas las vías legales antes de actuar lleva casi un año encerrada, enferma, y enfrenta cargos de homicidio calificado que podrían significar entre 25 y 55 años de cárcel.
El “Sindicato 22 de Octubre” al que pertenecía Torres Ortiz no es un grupo cualquiera. Es una organización criminal dedicada al despojo de viviendas, extorsión, secuestro y narcomenudeo en la zona oriente del Edomex. Su propio líder, un exregidor de Chalco, fue detenido meses después por secuestro. Mientras los criminales organizados negocian sentencias cómodas, una abuela de 74 años se pudre en prisión por no quedarse de brazos cruzados.












