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Internacional

Irán en la encrucijada: protestas económicas y gestos de desafío sacuden los cimientos del régimen

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Una nueva ola de protestas, impulsada por una profunda crisis económica y un descontento social acumulado, sacude Irán desde finales de 2025, poniendo a prueba al gobierno del presidente Masoud Pezeshkian. En este contexto, han emergido actos de desafío simbólico de un alto voltaje político: imágenes circulando en redes sociales muestran a mujeres iraníes quemando con cigarrillos la fotografía del Líder Supremo, el ayatolá Ali Khamenei.

Este gesto, que trasciende la protesta para convertirse en una afrenta deliberada a uno de los pilares del sistema, representa un rechazo frontal a las leyes de hiyab obligatorio y al propio régimen teocrático. La relevancia es capital: en Irán, la imagen del Líder Supremo es considerada sagrada tanto en el ámbito político como religioso. Dañarla de cualquier forma constituye un crimen grave, frecuentemente enmarcado bajo el cargo de “enemistad contra Dios” (moharebeh), que puede acarrear penas severísimas.

Las manifestaciones, sin embargo, tienen un motor principal ampliamente reconocido: el colapso económico, marcado por una galopante inflación y la depreciación histórica de la moneda nacional, el rial. La insatisfacción popular por la situación material ha llevado a miles de ciudadanos a las calles en diversas ciudades, en una de las mayores pruebas de fuego para la administración de Pezeshkian.

La tensión interna ha atraído inmediatamente la mirada internacional. El expresidente estadounidense Donald Trump lanzó advertencias públicas sobre un posible “intervencionismo” por parte de Estados Unidos, afirmando que actuaría si se disparaba contra los manifestantes. Hasta ahora, estas declaraciones han quedado en el terreno retórico, mientras organizaciones no gubernamentales como Iran Human Rights documentan un saldo trágico: al menos 45 personas habrían perdido la vida desde el inicio de las movilizaciones.

La respuesta del establishment iraní no se ha hecho esperar. Las autoridades han acusado a Estados Unidos e Israel de librar una “guerra blanda” contra el país, utilizando las protestas como herramienta de desestabilización. Desde el gobierno se ha advertido con firmeza que cualquier intento de injerencia extranjera “amerita la detención” y una respuesta contundente.