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La historia desconocida de los Reyes Magos: del mito de los tres reyes de oriente
Año tras año, la procesión de Melchor, Gaspar y Baltasar—un anciano blanco, un hombre árabe y un rey negro—recorre calles y pesebres como un símbolo de unidad. Sin embargo, detrás de esta imagen consolidada yace un entramado histórico lleno de interrogantes, reinterpretaciones y leyendas que poco tienen que ver con el relato evangélico original.
La primera pregunta: ¿eran tres?
El Evangelio de Mateo, único texto canónico que los menciona, no especifica su número. Solo habla de “unos magos de Oriente” y enumera tres regalos: oro, incienso y mirra. De ese detalle nació la deducción que los fijó como trío en la imaginación colectiva. No obstante, tradiciones más antiguas y menos conocidas, como ciertos textos sirios, llegaron a hablar de doce reyes. Estas versiones, según estudios de la Universidad de Oxford, fueron descartadas en el proceso de consolidación del dogma cristiano en Occidente, que optó por la cifra simbólica de tres.
Los nombres: una identidad en construcción
Tampoco sus nombres aparecen en las Escrituras. En antiguos textos persas se les conoce como Amad, Zud Amad y Drust Amad. La trilogía que hoy reconocemos se consolidó en escritos posteriores, como el Excerpta Latina Barbari del siglo III, que los registra como Melichior, Gathaspa y Bithisarea: la semilla de los actuales Melchor, Gaspar y Baltasar.
La evolución de su rostro: de la uniformidad a la diversidad
La representación física de los Magos también es fruto de una evolución cultural. La imagen más antigua que se conserva, un mosaico del siglo VI en la Basílica de San Apolinar en Rávena (Italia), los muestra como tres hombres de rasgos similares, diferenciados solo por la edad. No fue hasta el siglo VIII cuando el erudito benedictino San Beda el Venerable propuso una visión revolucionaria: cada rey representaba a uno de los tres continentes conocidos y, simbólicamente, a los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet). Melchor sería el anciano europeo, Gaspar el joven asiático y Baltasar el hombre de raza negra africana.

¿De qué “países” venían?
La geografía legendaria de los Magos se precisó en la Edad Media. Textos como la Historia trium regum del carmelita Juan de Mandevilla (siglo XIII) asignaron procedencias específicas, aunque míticas: uno vendría de Nubia (región entre el sur de Egipto y el norte de Sudán), otro del legendario Reino de Saba (en la península arábiga) y el tercero de Egriseula, una isla cercana a las costas de lo que hoy sería Etiopía, Eritrea o Somalia. Estas localizaciones, más alegóricas que históricas, reforzaban la idea de que la revelación de Cristo era para todos los pueblos.
Un símbolo que trascienda el mito
Así, los Reyes Magos que hoy admiramos son el resultado de un largo proceso de construcción cultural. De sabios anónimos y posiblemente numerosos, pasaron a ser tres monarcas con nombres y, finalmente, se transformaron en un poderoso símbolo de la universalidad de la fe y la diversidad de la humanidad.








