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Internacional

Muere Jesse Jackson, el pionero que allanó el camino hacia la Casa Blanca para Obama

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El reverendo Jesse Jackson, quien transformó la política estadounidense al convertirse en el primer aspirante negro con posibilidades de alcanzar la presidencia del país, falleció el martes 17 de febrero de 2026 a los 84 años, dejando un legado que trascendió las fronteras de Estados Unidos y marcó el camino para que Barack Obama cumpliera el sueño de ser el primer presidente afroamericano.

Jackson, que no logró convertirse en el nuevo Martin Luther King Jr. tras el asesinato del líder en 1968, sí allanó el terreno para que otro político negro alcanzara la meta que él persiguió sin éxito: la Casa Blanca. Sus campañas presidenciales en las primarias demócratas de 1984 y 1988 le convirtieron en un pionero, y sus lágrimas de emoción ante la victoria de Obama en 2008 reflejaron la dimensión de su legado.

El discípulo que quiso ser el heredero

La historia de Jackson con el movimiento por los derechos civiles comenzó en 1965, cuando conoció a Martin Luther King durante la histórica marcha de Selma, Alabama. Desde entonces, consideró al líder asesinado como su mentor. Una fotografía de abril de 1968 lo muestra sonriente junto a King en el balcón del motel de Memphis donde al día siguiente sería asesinado. Jackson presenció el momento fatal y en los días posteriores intentó liderar el duelo nacional.

Sin embargo, sus aspiraciones de convertirse en el heredero natural de King generaron tensiones con el círculo más cercano del líder. Ralph David Abernathy, su colaborador más próximo, resumió el sentir de muchos: “Jesse quería ser Martin”. Las disputas sobre su protagonismo en aquellos días —incluyendo una entrevista donde aseguró llevar un jersey manchado con la sangre de King— provocaron su expulsión de la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur (SCLC) en 1971.

El legado de Operation PUSH

Ese mismo año, Jackson fundó Operation PUSH, una coalición multirracial que posteriormente se transformaría en Rainbow PUSH, organización dedicada a expandir las oportunidades para minorías y comunidades desfavorecidas. Su concepto de lucha contra el racismo y por la justicia social no solo transformó profundamente al Partido Demócrata, sino que también sentó las bases para movimientos posteriores como Black Lives Matter.

Sus campañas presidenciales aceleraron la participación de votantes negros en las primarias demócratas —hoy la base más fiel del partido— y lograron cambios en el sistema de votación que décadas después resultarían cruciales para que Obama pudiera imponerse a Hillary Clinton. “Fui un pionero, un explorador”, declaró Jackson en una entrevista con The Guardian en 2020, asegurando que no le dolía no haber llegado él a la Casa Blanca porque había demostrado que sí era posible.

Una figura controvertida

El reverendo bautista, nacido en la segregada Greenville (Carolina del Sur) el 8 de octubre de 1941, tuvo una infancia marcada por el rechazo paterno y una juventud definida por los albores del movimiento por los derechos civiles. Su vida, sin embargo, no estuvo exenta de polémicas que le restaron brillo: en 1984 fue acusado de antisemitismo por usar términos peyorativos hacia los judíos, de los que se disculpó, y en 2001 se reveló una relación extramatrimonial con una compañera de trabajo de la que nació una hija, lo que le obligó a rebajar su perfil público.

Su faceta internacional también fue intensa: en 1979 visitó Sudáfrica para presionar contra el apartheid y viajó a territorios palestinos, donde se fotografió abrazando a Yasser Arafat. Años después, negoció la liberación de estadounidenses presos en Serbia e Irak, una labor que siempre disfrutó.

Uno de sus cinco hijos con Jacqueline Brown, Jesse Jr., le llenó de orgullo al convertirse en congresista demócrata, pero también le avergonzó en 2012 cuando fue condenado a prisión por desviar fondos de campaña para gastos personales.

El mensaje que perdura

Aunque no pronunció un discurso tan icónico como el “I have a dream” de King, la historia política estadounidense no puede entenderse sin el mensaje de “Keep Hope Alive” (“Mantened viva la esperanza”) que Jackson entonó en la convención demócrata de 1988. Esas palabras siguen inspirando a los demócratas en tiempos de Donald Trump y resumen el espíritu de un hombre que, sin alcanzar la presidencia, demostró que el sueño era posible.

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