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¿Puede la FIFA sancionar a Estados Unidos por su intervención en Venezuela? La neutralidad del fútbol ante la geopolítica

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La reciente intervención militar estadounidense en Venezuela y la detención del presidente Nicolás Maduro han generado una pregunta inesperada en el mundo del deporte: ¿podría la FIFA sancionar a Estados Unidos, el principal anfitrión del próximo Mundial 2026, por sus acciones políticas y militares?

El cuestionamiento surge en un contexto delicado, en el que la Copa Mundial de 2026 tendrá su epicentro en territorio estadounidense, con la mayoría de los partidos —incluida la final— programados para celebrarse en ese país. Aunque no existe un artículo específico en los estatutos de la FIFA que sancione directamente las decisiones políticas de un Estado miembro, el organismo tiene antecedentes claros de intervención en casos de conflicto internacional.

El precedente ruso y el límite de la neutralidad

El caso más reciente y relevante es la exclusión de todas las selecciones y clubes rusos de las competencias FIFA, decidida en 2022 tras la invasión a Ucrania. En aquel momento, el Consejo de la FIFA argumentó que las acciones militares de Rusia iban “en contra de los principios que impulsa el órgano rector”. Este hecho demostró que, pese a declararse neutral en materia política y religiosa, la FIFA puede actuar cuando un conflicto afecta sus “objetivos estatutarios” o genera una presión social y ética insostenible.

Según el artículo 4 de sus Estatutos, la FIFA prohíbe explícitamente “la discriminación de cualquier país, persona o grupo de personas por […] posicionamiento político o de cualquier otra índole”. No obstante, la aplicación de este principio en el ámbito de las relaciones internacionales entre estados soberanos resulta compleja y altamente politizada.

El estatus de Estados Unidos: ¿invulnerable como sede?

En el escenario actual, analistas deportivos y jurídicos coinciden en que una sanción inmediata a la Federación de Fútbol de Estados Unidos (U.S. Soccer) —y mucho menos la revocación de su condición de sede— es altamente improbable. La intervención en Venezuela, aunque controvertida, no ha generado —al menos por ahora— el mismo nivel de consenso internacional de condena ni la presión masiva de federaciones miembros que sí hubo en el caso ruso.

Sin embargo, expertos advierten que la situación podría cambiar si la crisis venezolana escala a un conflicto abierto de mayores proporciones, con un impacto humanitario evidente y una condena multilateral extendida. En ese hipotético escenario, la FIFA se vería forzada a convocar a su Consejo para evaluar si las acciones de Estados Unidos violan los principios fundamentales de la institución.

Conclusión: el fútbol en un mundo fracturado

Por ahora, el Mundial 2026 sigue su curso en Norteamérica. La FIFA, atrapada entre su mandato de neutralidad y la creciente expectativa de que el deporte no sea ajeno a los derechos humanos y la paz, observa con cautela. La posible sanción a Estados Unidos no es una amenaza inmediata, pero el precedente ruso ha establecido un umbral: cuando un conflicto internacional sacude la conciencia global, el fútbol —y su organismo rector— podría verse obligado a tomar partido, incluso si eso significa enfrentarse a su anfitrión más poderoso.