Internacional
Crisis en Minnesota: retirada de agentes federales tras protestas por tiroteos mortales
En un giro significativo, el comandante de la Patrulla Fronteriza Greg Bovino, el rostro visible de la agresiva ofensiva migratoria desplegada en esta ciudad por orden del presidente Donald Trump, comienza su retirada este martes. Su partida se produce tras semanas de intensa indignación pública por el asesinato de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales, episodios que han sumido a la “Operación Metro Surge” en una profunda crisis de legitimidad.
La medida, confirmada por funcionarios locales, responde a la presión generada por masivas protestas, la inestabilidad política y un escrutinio nacional cada vez más severo. Para intentar contener el daño, la Casa Blanca anunció el envío del exdirector interino del ICE, Tom Homan, a quien se ha encomendado la tarea de “aliviar la tensión” y reportar directamente a Trump. Homan tiene previsto reunirse con el alcalde Jacob Frey, quien ha sido un crítico abierto de la operación.
Una figura polarizadora se marcha
Greg Bovino se había convertido en un símbolo de la estrategia de “mano dura”. Su historial incluye el despliegue de agentes químicos contra manifestantes y un papel protagónico en los enfrentamientos callejeros. Antes de Minnesota, dirigió polémicos operativos en ciudades como Chicago, donde un juez federal lo sometió a una supervisión especial. Aunque un reporte de The Atlantic indicó que había sido destituido como comandante general, el Departamento de Seguridad Nacional lo desmintió, afirmando que Bovino “NO ha sido relevado de sus funciones”.
Los tiroteos que cambiaron todo
La crisis escaló rápidamente tras dos incidentes fatales. El 24 de enero, Alex Pretti, un enfermero de 37 años, fue abatido por un agente de la Patrulla Fronteriza. Las declaraciones iniciales de altos funcionarios, como el asesor Stephen Miller –quien lo tildó de “terrorista doméstico”–, chocaron con las imágenes disponibles, que sugieren que Pretti fue desarmado antes de recibir los disparos. La discrepancia llegó al punto de generar críticas incluso desde la Asociación Nacional del Rifle (NRA).
Este suceso se produjo apenas semanas después de que un agente del ICE matara a Renee Good, madre de tres hijos, durante una redada en un barrio residencial el 7 de enero.
Fractura entre autoridades locales y federales
El alcalde Frey ha calificado la presencia federal de “caótica y contraproductiva”. En una postura firme, afirmó que Minneapolis cooperará en investigaciones penales graves, pero se negará a colaborar en las detenciones por estatus migratorio, por considerarlo inconstitucional. “Seguiré presionando para que el resto de los involucrados en esta operación se vayan”, declaró tras hablar con Trump.
El gobernador Tim Walz también mantuvo una conversación con el presidente, descrita como “productiva”, en la que Trump accedió a considerar investigaciones independientes sobre los tiroteos y revisar el alcance de la intervención federal. Este tono contrasta marcadamente con los anteriores intercambios tensos.
Reconocimiento tácito y presión política
El envío de Homan, percibido como más técnico y menos confrontacional que Bovino, es interpretado por analistas como un reconocimiento tácito de que la campaña de deportación masiva ha erosionado la confianza pública. Trump lo describió como “duro pero justo”.
La presión, sin embargo, trasciende las calles de Minneapolis. Líderes empresariales de grandes compañías como Target y Best Buy han pedido desescalar la situación, advirtiendo del daño a la moral y la economía estatal. En Washington, los demócratas del Senado amenazan con bloquear la financiación del Departamento de Seguridad Nacional, mientras que algunos republicanos piden más moderación y una estrategia más clara.
Las encuestas reflejan este descontento: casi la mitad de los estadounidenses considera la campaña de deportación “demasiado agresiva”, incluyendo a uno de cada tres votantes de Trump, quienes, aunque apoyan los objetivos, desaprueban la implementación.









