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Fútbol y diplomacia: cómo un partido del Mundial selló la reconciliación entre México y España
El fútbol, ese deporte que trasciende fronteras, se convirtió esta semana en el escenario inesperado para el deshielo diplomático entre dos naciones unidas por la historia, pero distanciadas por las heridas del pasado. La Copa del Mundo, que este año se disputa en Norteamérica, sirvió de pretexto para que el rey Felipe VI viajara a México y sostuviera un encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum que, según ambas partes, da por cerrado el conflicto diplomático arrastrado desde 2019.
Una polémica que dividió a dos orillas
Todo comenzó cuando el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador envió una carta al monarca español exigiendo disculpas públicas por los abusos cometidos durante la conquista de México. La petición, que nunca recibió respuesta formal, derivó en 2022 en una “pausa” en las relaciones bilaterales que el propio mandatario nunca terminó de explicar. La tensión se hizo aún más palpable cuando Sheinbaum, ya como presidenta, decidió no invitar a Felipe VI a su toma de posesión en 2024.
Sin embargo, el pasado mes de marzo se produjo un gesto que abriría la puerta al acercamiento. Durante la inauguración de una exposición mexicana en Madrid sobre mujeres indígenas, el monarca reconoció los “abusos” y las “controversias morales y éticas” ocurridos durante la conquista. Dos días después, México confirmaba que había cursado una invitación al rey para asistir al Mundial.
“Fue un asunto de dignidad para el pueblo de México”, explicó Sheinbaum el viernes, justificando así la necesidad de esas palabras por parte de la corona española.
“Primos-hermanos”
Mientras la diplomacia oficial tejía sus hilos, en las calles de Guadalajara el sentimiento popular parecía haber superado hacía tiempo las controversias políticas. Miguel Campos, un empleado de banca español de 41 años que visitaba México por primera vez para presenciar el España-Uruguay, resumía el sentir de muchos: “Fue más politiqueo y ruido mediático que lo que realmente siente la gente. No hay odio a España y creo que los mexicanos y los españoles somos medio primos-hermanos”.
Sergío Astorga, camarero tapatío que el viernes ondeaba orgulloso la camiseta de La Roja, coincidía: “Fue una falta de comunicación porque la unidad entre mexicanos y españoles es parte de nosotros”.
Más que fútbol: geopolítica y comercio
El pragmatismo también jugó su papel en este deshielo. México y España mantienen importantes lazos comerciales, culturales y sociales que ninguna controversia histórica podía permitirse poner en riesgo, especialmente en un momento geopolítico marcado por las políticas proteccionistas y antiinmigratorias de la administración Trump.
La sintonía entre ambos gobiernos ya se había evidenciado semanas atrás, cuando Sheinbaum participó en Barcelona en una reunión de líderes progresistas que envió un mensaje de unidad frente a las políticas del presidente estadounidense.
Una conversación de futuro
El encuentro entre el monarca y la presidenta, que se prolongó durante una hora, abordó temas de comercio, economía y política internacional. Sheinbaum describió a Felipe VI como “una persona muy sencilla”, mientras que el rey se mostró optimista sobre el futuro de la relación bilateral.
“Esta relación tan magnífica… va a mejor y tiene un futuro enormemente próspero por delante”, declaró el monarca poco después en Guadalajara. “Es de lo que hay que hablar, sobre todo de futuro”.
El balón como herramienta diplomática
El uso del fútbol como vehículo diplomático no es nuevo, pero el contexto de este Mundial adquiere dimensiones particulares. Organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá como símbolo de unidad, el torneo se desarrolla en medio de las tensiones generadas por la política unilateral de Washington.
Felipe VI no ha sido el único miembro de la realeza en utilizar el campeonato para fines diplomáticos. La princesa Hisako de Takamado de Japón visitó Monterrey para presenciar la histórica victoria de su selección sobre Túnez (4-0), mientras que los reyes Guillermo Alejandro y Máxima de los Países Bajos recorrieron Houston y Kansas City para animar a la selección neerlandesa y a Curazao, que hacía historia al debutar en una Copa del Mundo.











