Internacional
Tragedia en Venezuela: dos sismos dejan lecciones para América Latina
El norte de Venezuela vivió el pasado 24 de junio una de las jornadas más trágicas de su historia reciente. Dos sismos de magnitudes 7.2 y 7.5, separados por apenas 39 segundos, sacudieron la región dejando a su paso edificios colapsados, miles de damnificados y una pregunta que resuena con fuerza: ¿por qué tantas construcciones no resistieron?
Para los especialistas, la respuesta no fue sorpresiva. Aunque la magnitud de los movimientos telúricos fue considerable, los expertos coinciden en que el desastre no puede atribuirse únicamente a la intensidad de los temblores. El tipo de suelo, la planeación urbana y la ubicación de las ciudades jugaron un papel igualmente determinante.
Cuando el suelo amplifica el peligro
La naturaleza del terreno es un factor clave durante un terremoto. Existen zonas donde el suelo amplifica las ondas sísmicas o presenta inestabilidad estructural, lo que multiplica el efecto del movimiento sobre los edificios.
Varias de las áreas más castigadas por los sismos —como La Guaira, Los Palos Grandes, San Bernardino y distintos sectores del litoral venezolano— ya habían mostrado desde hace décadas una alta vulnerabilidad geológica. Desde el terremoto de 1967, estas regiones han registrado deslizamientos de tierra y problemas relacionados con la inestabilidad del suelo.
Un edificio puede haber sido construido con los criterios técnicos más rigurosos y, aún así, sufrir daños severos si se levanta sobre un terreno con condiciones desfavorables. La geografía no perdona, y en Venezuela lo dejó claro.
Factores que agravaron la tragedia
Los ingenieros estructurales han señalado otros elementos que contribuyeron a la magnitud de la catástrofe:
- Antigüedad de las construcciones: Muchos edificios afectados datan de décadas anteriores, cuando los códigos de construcción no consideraban los estándares sísmicos actuales.
- Falta de mantenimiento: El deterioro de varias estructuras las dejó en condiciones precarias para enfrentar un movimiento de gran escala.
- El efecto de dos golpes: El hecho de que el terremoto estuviera compuesto por dos sacudidas fuertes con apenas segundos de diferencia debilitó progresivamente las estructuras antes de provocar los colapsos finales.
Una lección para toda la región
La tragedia venezolana debe servir como un llamado de atención no solo para ese país, sino para toda América Latina, una región altamente sísmica.
Este desastre obliga a replantear cómo crecen las ciudades y qué tan en serio se toman los riesgos naturales antes de autorizar nuevas construcciones. Preguntas fundamentales como ¿dónde se permite construir?, ¿sobre qué tipo de suelo? y ¿qué medidas existen para mitigar los riesgos? deberían tener respuesta antes de que se coloque la primera piedra de cualquier proyecto.
México, en el espejo
México, un país con alta actividad sísmica, no puede mantenerse al margen de esta reflexión. Si se quieren evitar tragedias como las de 1985 o 2017, es momento de poner mucha más atención en dónde y cómo se construyen las ciudades.











