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Internacional

Trump sobrevive a un tercer atentado en dos años

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Donald Trump fue blanco de un nuevo intento de atentado mientras asistía a la tradicional cena de corresponsales en Washington, D.C., logrando salir ileso por tercera vez en menos de dos años.

De acuerdo con los reportes oficiales, el agresor fue identificado como Cole Allen, de 31 años, originario de California, quien disparó en las inmediaciones del evento donde se encontraba Trump. El atacante fue detenido y el exmandatario resultó ileso.

Este episodio se suma a dos ataques previos que mantuvieron en vilo al aparato de seguridad presidencial estadounidense.

Antecedentes recientes

El primer atentado ocurrió el 13 de julio de 2024, durante un mitin en Butler, Pensilvania. Mientras Trump pronunciaba un discurso, un joven armado abrió fuego y una bala rozó su oreja derecha. El atacante fue abatido, pero el saldo fue de una persona fallecida y otra herida.

El segundo intento se registró el 15 de septiembre del mismo año, cuando Trump jugaba golf en su club de West Palm Beach, Florida. Agentes del Servicio Secreto detectaron a un hombre armado escondido entre la maleza con un rifle. El sospechoso logró huir en ese momento, aunque fue arrestado días después.

Con el ataque de este lunes en Washington, suman tres atentados en tiempo récord contra la misma figura política.

Un país con historia de violencia política

Aunque parezca extraordinario, Estados Unidos tiene un largo historial de violencia contra sus mandatarios. Cuatro presidentes en funciones han sido asesinados: Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy. Asimismo, líderes como Ronald Reagan, Theodore Roosevelt y Gerald Ford sobrevivieron a intentos de magnicidio.

Expertos en seguridad y politólogos coinciden en que la exposición constante de los líderes estadounidenses a este tipo de amenazas responde a tres factores clave:

  • La facilidad para adquirir armas de fuego en el país
  • La creciente polarización política
  • La alta exposición mediática de las figuras públicas

Este cóctel, señalan los especialistas, convierte a Estados Unidos en una de las democracias donde el riesgo para sus líderes políticos es más elevado.