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Un ‘barco fantasma’ ruso con 60 mil toneladas de gas licuado vaga a la deriva por el Mediterráneo
El Arctic Metagaz, un buque cisterna ruso de 277 metros de eslora, se ha convertido en un auténtico barco fantasma: viaja a la deriva, con un boquete en su casco y transportando una carga letal que podría desencadenar un colapso ambiental de dimensiones catastróficas.
La embarcación partió a finales de febrero desde el puerto ruso de Murmansk, en el Ártico, con destino incierto y una misión clandestina. Forma parte de la denominada “flota fantasma” de Rusia, una estrategia implementada por Moscú para eludir las sanciones internacionales impuestas tras la invasión de Ucrania. Estos buques navegan con banderas de conveniencia y documentación falsa, fingiendo pertenecer a otros países, para poder seguir exportando gas natural y productos químicos al mercado global.
El ataque que dejó un gigante huérfano
A principios de marzo, presuntamente durante un ataque con drones por parte de Ucrania, el Arctic Metagaz resultó seriamente dañado. Un proyectil habría abierto un boquete en uno de sus costados, comprometiendo la integridad estructural del buque. La tripulación, compuesta por 30 marineros, no tuvo más opción que evacuar la nave de emergencia.
Fueron rescatados por la guardia costera de Libia, que inicialmente declaró que el barco se había hundido. Pero no fue así. El Arctic Metagaz continúa a flote, navegando lentamente a la deriva en aguas internacionales, entre Italia, Malta y Libia, sin que nadie pueda tomar el control de sus sistemas. Un barco fantasma en el sentido más literal de la expresión.
Una bomba de tiempo ecológica
La comunidad internacional ha comenzado a tomar cartas en el asunto. Nueve países ribereños del Mediterráneo han dirigido una carta, a la que tuvo acceso El País, alertando sobre el inminente peligro que representa el buque a la deriva. Y no es para menos: la carga del Arctic Metagaz es un cóctel letal para el medio ambiente.
Según los informes, el cisterna transporta 60 mil toneladas de gas natural licuado (GNL), 900 toneladas de gasóleo, 450 toneladas de fueloil y 250 toneladas de diésel. El agujero en su casco hace temer lo peor: un derrame masivo en una de las zonas con mayor biodiversidad del planeta.
El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha emitido una alerta describiendo las catastróficas consecuencias que tendría un posible vertido. “Un posible derrame podría provocar incendios forestales, nubes criogénicas letales para la fauna marina y una contaminación extensa y duradera del agua y la atmósfera”, advierte la organización ecologista.
La zona por la que navega el Arctic Metagaz posee un valor ecológico excepcional. “Alberga ecosistemas profundos frágiles y una de las mayores biodiversidades de la cuenca mediterránea. Casi todas las especies marinas protegidas del Mediterráneo habitan en estas aguas, que son transitadas por grandes depredadores como el atún rojo y el pez espada”, detalla el WWF.
Un peligro sin precedentes
La combinación de gas natural licuado y combustibles pesados representa un desafío logístico y ambiental sin precedentes. En caso de rotura del casco, el GNL podría liberarse formando nubes criogénicas capaces de congelar todo a su paso y asfixiar la vida marina en amplias extensiones. Los combustibles más pesados, por su parte, crearían una mancha tóxica de difícil contención que afectaría las costas de múltiples países.
A esto se suma el riesgo de incendio o explosión. La mezcla de gases y combustibles en un buque dañado, sin sistemas de monitoreo ni tripulación que pueda actuar ante una emergencia, convierte al Arctic Metagaz en una bomba flotante en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo.
La flota fantasma rusa en el punto de mira
El caso del Arctic Metagaz ha puesto el foco sobre una práctica que se ha intensificado desde el inicio de la guerra en Ucrania. La “flota fantasma” rusa está compuesta por decenas de buques, en su mayoría petroleros y gaseros, que operan en la más absoluta opacidad para mantener los flujos de exportación energética rusa a pesar de las sanciones.
Ucrania no ha confirmado oficialmente que fuera responsable del ataque al Arctic Metagaz, aunque fuentes militares del país se atribuyeron en diciembre pasado la intercepción de tres buques de esta misma flota. Lo que está claro es que, independientemente de quién causó el daño, la comunidad internacional enfrenta ahora una crisis en ciernes que podría desencadenarse en cualquier momento.










