Internacional
Aliados de Estados Unidos le dan la espalda en el estrecho de Ormuz: “Esta no es nuestra guerra”
La escalada bélica entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha desatado una crisis energética de proporciones globales tras el cierre del estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más estratégicas del planeta. Sin embargo, el llamado de auxilio del presidente Donald Trump a sus aliados para desbloquear el paso ha encontrado un rotundo rechazo en la comunidad internacional.
El mandatario estadounidense solicitó a los países miembros de la OTAN y a otros aliados el envío de buques de guerra para garantizar la reapertura del estrecho, por donde circula aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo. La petición surge después de que la Guardia Revolucionaria de Irán cerrara la vía en represalia por los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel contra territorio iraní.
Alemania marca la postura europea
La negativa más contundente provino de Alemania. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, descartó el lunes 16 de marzo cualquier participación de su país en la operación solicitada por Trump con una frase que resume el sentir europeo: “Esta no es nuestra guerra, nosotros no la hemos iniciado”.
El gobierno germano fue más allá en su desmarque. El vocero oficial Stefan Kornelius subrayó que el conflicto entre EE.UU. e Israel contra Irán “no tiene nada que ver con la OTAN”, recordando además que ni Washington ni Tel Aviv consultaron a sus aliados antes de iniciar las hostilidades. Kornelius enfatizó que al comienzo de la guerra, el gobierno estadounidense aseguró que la ayuda europea no era necesaria, lo que ahora convierte la petición de Trump en una contradicción difícil de digerir para Berlín.
Un rechazo generalizado
La posición alemana no es un caso aislado. Japón, Australia y Grecia también han comunicado oficialmente que no enviarán buques a la zona del conflicto, sumándose a la lista de países que prefieren mantener distancia de una guerra que consideran ajena a sus intereses directos.
Desde Bruselas, la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, intentó matizar la postura comunitaria. Kallas explicó que la situación en el estrecho de Ormuz está fuera del alcance de la OTAN, aunque reveló que el bloque europeo estudia opciones en coordinación con Naciones Unidas para garantizar el tránsito marítimo sin involucrarse directamente en el conflicto.
Las amenazas de Trump
Antes de cosechar estas negativas, Trump había lanzado advertencias veladas a la OTAN, sugiriendo que la alianza enfrentaría “un futuro nada bueno” si no respondía positivamente a su llamado para abrir el estrecho. La amenaza, sin embargo, no parece haber surtido efecto, al menos por ahora.
El estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico, siendo un punto neurálgico para el transporte de crudo desde los principales países exportadores de la región. Su cierre representa no solo un golpe militar sino una amenaza directa a la estabilidad energética global, con posibles repercusiones en los precios del petróleo y en las economías dependientes de estos suministros.
Mientras Trump insiste en la necesidad de mantener abierta esta ruta vital, sus aliados parecen decididos a no arrimar el hombro en un conflicto que consideran ajeno y del que fueron excluidos de las decisiones iniciales.










