Chihuahua
Chihuahua también merece jugar en primera: una apuesta por identidad, economía y visión de ciudad
Artículo de opinión de Jorge Cruz Camberos
Chihuahua, Chih.— En una ciudad donde el discurso del crecimiento suele repetirse como eco institucional, la propuesta de llevar a Chihuahua capital a la Primera División del fútbol mexicano no se plantea como un simple proyecto deportivo, sino como una visión integral de desarrollo urbano, identidad social y dinamismo económico.
En su artículo de opinión, Jorge Cruz Camberos pone sobre la mesa una idea que trasciende la cancha: la construcción de un equipo de fútbol de primer nivel acompañado de un estadio moderno con capacidad para 22 mil personas, bajo un modelo participativo donde la ciudadanía también forme parte del proyecto.
Lejos de tratarse de un “capricho de fin de semana”, la propuesta apunta a transformar la narrativa de la ciudad. Un equipo en la máxima categoría no solo genera espectáculo; impulsa la economía local mediante patrocinios, turismo, consumo y eventos. Además, fortalece el sentido de pertenencia y proyecta una imagen de ciudad competitiva a nivel nacional.
Cruz Camberos señala que Chihuahua enfrenta un dilema recurrente: limitarse a resolver lo urgente o atreverse a construir futuro. En ese sentido, plantea que las ciudades que marcan diferencia no son únicamente las que atienden necesidades básicas, sino aquellas que también construyen símbolos, identidad y aspiraciones colectivas.
Uno de los puntos clave del planteamiento radica en el modelo de gestión. La propuesta sugiere evitar esquemas tradicionales donde los proyectos deportivos se convierten en negocios privados, apostando en cambio por una estructura donde empresarios, ciudadanía y liderazgos locales participen activamente, generando un sentido real de pertenencia.
El estadio, proyectado en la zona de la Deportiva, no sería únicamente sede de partidos, sino un espacio multifuncional capaz de albergar conciertos, espectáculos y actividades durante todo el año, consolidándose como un activo urbano vivo y no como infraestructura subutilizada.
En este contexto, el autor enfatiza que el desarrollo de una ciudad también pasa por la emoción, la identidad y la capacidad de inspirar. En sus palabras, una comunidad con orgullo tiene mayor fuerza para construir su futuro que una que opera desde la resignación.
La reflexión final es contundente: Chihuahua no necesita únicamente administración, sino ambición. Pensar en grande —afirma— no es irresponsable, es necesario. Y si la capital del estado aspira a consolidarse como una ciudad moderna y con personalidad propia, debe dejar de verse como una plaza de paso y comenzar a actuar como una ciudad de primera.
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