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El mito del “volcán de agua” que aterrorizó a Chihuahua en 1986

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Un rumor sobre una supuesta inundación provocada por el Cerro Grande generó temor entre los habitantes, llevó a familias a abandonar sus hogares y convirtió al lugar en un punto de curiosidad.

Chihuahua, Chih.— En enero de 1986, un rumor comenzó a inquietar a los habitantes de la capital del estado: una adivina habría pronosticado que del Cerro Grande surgiría un “volcán de agua” capaz de provocar inundaciones gigantescas y destruir la ciudad.

La versión se difundió rápidamente, alimentada por notas periodísticas y comentarios que circulaban entre la población. Con el paso de los días, el supuesto desastre adquirió fechas concretas y el miedo comenzó a tener consecuencias.

Para el 8 de febrero, se reportaba que cerca del 35% de los habitantes de la Unidad Proletaria había abandonado sus viviendas ante el temor de que el cerro colapsara los días 14 o 15 de ese mes. Dos días después, el Cerro Grande se había convertido en un sitio de interés para curiosos que acudían a observarlo ante la posibilidad de una catástrofe.

Sin embargo, el 16 de febrero, la alarma quedó desmentida. Especialistas de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), entre ellos el maestro Carlos García Gutiérrez, señalaron que la supuesta inundación carecía de fundamento y que no existía el riesgo anunciado.

Aunque aquella campaña periodística habría sido planeada por tres personas con el propósito de atraer lectores, la historia del “volcán de agua” tenía raíces más antiguas. Durante décadas, entre algunos pobladores persistió la creencia de que el Cerro Grande, de aproximadamente 2 mil 300 metros de altura, actuaba como un tapón natural que contenía un enorme depósito de agua subterránea.

Uno de los antecedentes se remonta a 1933-1935, cuando ingenieros estadounidenses contratados por la empresa ASARCO realizaron estudios en el manantial Orizaba, ubicado al pie del cerro, con la intención de abastecer de agua a la planta de Ávalos.

De acuerdo con el relato de don Juan Refugio Portillo, las investigaciones fueron exhaustivas y los ingenieros finalmente desistieron de perforar en el lugar. Las prospecciones habrían alimentado la idea de que el cerro funcionaba como una especie de tapón y que intervenirlo podría ocasionar inundaciones de grandes dimensiones.

Con el tiempo, esa versión se convirtió en parte de la memoria popular de la zona y mantuvo vivo el temor a un peligro oculto bajo la montaña.

Así, en febrero de 1986, una antigua creencia volvió a cobrar fuerza y provocó alarma entre los chihuahuenses, hasta que las explicaciones de especialistas descartaron la catástrofe anunciada.

El episodio del “volcán de agua” permanece como un ejemplo de cómo los rumores, las creencias populares y la difusión sensacionalista pueden transformar una historia en una amenaza para toda una comunidad.