Internacional
Perú define su rumbo en un margen ajustado: Keiko Fujimori gana por la mínima y el país queda partido en dos
La madrugada del jueves, con el escrutinio prácticamente cerrado (99.88 % de actas procesadas), la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirmó lo que durante horas fue un mano a mano sin tregua: Keiko Sofía Fujimori Higuchi será la próxima presidenta de la República. La lideresa de Fuerza Popular alcanzó 9 millones 208 mil 624 votos, equivalentes al 50.121 %, mientras que su contendiente, Roberto Helbert Sánchez Palomino, de Juntos por el Perú, obtuvo 9 millones 164 mil 171 sufragios (49.879 %).
La brecha final fue de 44 mil 453 papeletas, un margen tan estrecho que mantuvo en vilo al país durante toda la jornada de cómputo. Nunca, desde el retorno a la democracia, una elección presidencial se había definido por un número tan reducido de preferencias. El resultado no deja espacio para interpretaciones grandilocuentes: no hubo arrase, sino una victoria quirúrgica, construida boleta por boleta.
Cuarta vez y vencida
La cifra tiene un peso simbólico ineludible. Fujimori Higuchi, quien ya intentó llegar a Palacio en 2011, 2016 y 2021, logra en esta cuarta oportunidad lo que se le había negado en tres ocasiones anteriores. Su persistencia política, que muchos analistas daban por desgastada, encontró esta vez el envión necesario en un electorado que, si bien no le otorgó un mandato absoluto, sí le brindó la confianza mínima para gobernar.
Sin embargo, el dato estadístico más revelador no es el triunfo en sí, sino el espejo que deja: el país está dividido casi al 50 %. Un bloque, el de la ganadora, celebra el retorno de una propuesta de mano dura y orden económico; el otro, el de Sánchez Palomino, ve con inquietud el ascenso de un proyecto que identifica con el fujimorismo histórico. Esa fractura, reflejada en las urnas, será el principal desafío de la nueva mandataria.
Gobernar en la cuerda floja
El mensaje que envía el padrón es claro: no hay luna de miel, ni mayoría automática, ni respaldo transversal. El Congreso, que también se renovó en estos comicios, tendrá una composición fragmentada, y el Ejecutivo deberá negociar cada iniciativa con fuerzas que, en su mayoría, no le son afines. La gobernabilidad, en este escenario, se anuncia como un ejercicio de equilibrista.
Sánchez Palomino, en un breve discurso tras conocerse los resultados definitivos, reconoció la derrota y llamó a la ciudadanía a “vigilar con responsabilidad” cada paso del nuevo gobierno. No hubo concesión al triunfalismo, pero tampoco gestos de confrontación. Su tono fue el de un líder opositor que asume que la batalla cultural y política recién comienza.
Un mensaje en clave regional
La elección peruana no es un hecho aislado. Se inscribe en una ola latinoamericana donde el voto castigo y la alternancia han sido la norma, pero también donde las figuras femeninas han ganado terreno en la primera magistratura. Con Fujimori, Perú se suma a la lista de países gobernados por mujeres, aunque el dato, por sí solo, no garantiza un giro progresista ni conservador; depende, más bien, de las alianzas que la nueva presidenta sea capaz de tejer.











