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Advierten que el presupuesto no alcanza ni para la mitad de los libros de texto gratuitos
La Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg) reconoció que los recursos asignados para imprimir y distribuir los materiales de educación básica de la SEP podrían cubrir menos de la mitad de las necesidades, una situación que amenaza con generar retrasos, incertidumbre y costos adicionales.
La advertencia quedó asentada en el Programa Institucional de la Conaliteg 2026-2030, publicado este 10 de septiembre en el Diario Oficial de la Federación, donde el organismo detalló los obstáculos que enfrenta para entregar oportunamente los libros gratuitos.
Según el documento, la producción depende de que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público autorice recursos suficientes desde el inicio del ejercicio fiscal. Cuando el dinero resulta insuficiente, solo pueden imprimirse los títulos que alcancen a cubrirse con el presupuesto disponible.
“En caso de recursos financieros insuficientes para ejecutar el programa editorial completo, la producción se limita a los títulos que puedan programarse dentro del presupuesto autorizado”, señala el texto.
Una clasificación presupuestaria cuestionada
La Conaliteg puso en entredicho la clasificación presupuestaria de su programa como una provisión de bienes públicos, al considerar que no reconoce adecuadamente su función social ni el mandato constitucional de proporcionar libros gratuitos a los estudiantes.
El organismo afirmó que, pese a informar anticipadamente cuánto dinero necesita para atender cada ciclo escolar, la asignación inicial ha llegado a cubrir menos de la mitad del programa nacional de producción y distribución.
“Esta clasificación no reconoce adecuadamente el objeto social de la CONALITEG —como responsable de la producción y distribución de libros de texto gratuitos y materiales educativos para la educación básica—, ni la naturaleza constitucional de su mandato, otorgando recursos para cubrir menos de la mitad del programa de producción y distribución de educación básica”.
Esta insuficiencia obliga a la institución a depender de ampliaciones presupuestales posteriores, aun cuando la impresión, la contratación de proveedores, la adquisición de papel y la organización de las rutas deben planearse con meses de anticipación.
El caso de 2025: más de 2 mil millones llegaron tarde
Para 2025, la Conaliteg recibió originalmente un presupuesto de 3 mil 806.86 millones de pesos. Durante el segundo trimestre, Hacienda autorizó una ampliación líquida de 2 mil 091.50 millones, con lo que el presupuesto modificado alcanzó los 5 mil 898.36 millones de pesos.
Sin embargo, el organismo advirtió que recibir el dinero después del inicio del ejercicio afecta la continuidad de los procesos.
“Si bien es cierto que el recurso fue recibido posteriormente, el no contar con los recursos presupuestales autorizados desde el inicio del ejercicio generará retrasos e incertidumbre en la continuidad de los procesos y aumento de costos”, apuntó.
Los factores que pueden retrasar los libros
Además del presupuesto, la impresión depende de que la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública entregue oportunamente los contenidos definitivos, las características técnicas y las autorizaciones correspondientes.
La Conaliteg recomienda recibir el programa editorial durante octubre del año anterior al inicio del ciclo escolar, es decir, aproximadamente diez meses antes de que comiencen las clases. En noviembre debe realizarse la conciliación de la matrícula con las autoridades educativas federales y estatales, para calcular cuántos estudiantes y docentes serán atendidos y determinar el número de ejemplares que requiere cada entidad.
“Para que el proceso de producción se cumpla en tiempo y forma se requiere que converjan dos factores determinantes básicos: por un lado, la recepción oportuna del programa editorial, los contenidos definitivos de los títulos para impresión y su visto bueno […] y, por otro lado, la programación de recursos presupuestales suficientes por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público”.
Si el presupuesto, los contenidos o las autorizaciones se reciben tarde, disminuye el tiempo disponible para contratar servicios, adquirir insumos, imprimir los ejemplares y trasladarlos a los distintos estados.
La distribución final queda en manos de los estados
La Conaliteg lleva los libros hasta los almacenes regionales y centros de acopio de las entidades federativas. A partir de ahí, las autoridades educativas estatales son responsables de redistribuirlos a cada escuela.
Por esta razón, el organismo reconoce que no controla completamente la llegada de los materiales a las aulas: depende de Hacienda para contar con presupuesto, de la SEP para recibir los archivos definitivos y de los estados para completar la distribución local.
Los libros en Braille y macrotipo siguen un procedimiento distinto, pues son enviados directamente a las escuelas donde se encuentran inscritos los estudiantes que requieren esos materiales.
La meta: cubrir el 100% de los ejemplares hacia 2030
Para el ciclo escolar 2025-2026, la tabla detallada del programa reporta la producción de 155 millones 638 mil 875 libros y materiales educativos, así como la distribución de 154 millones 556 mil 821 ejemplares.
Los materiales fueron destinados a una matrícula nacional de 24.1 millones de estudiantes y 1.2 millones de docentes de preescolar, primaria, secundaria, telesecundaria y educación especial.
La Conaliteg fijó como meta producir y distribuir el 100% de los ejemplares programados anualmente de 2026 a 2030. No obstante, el propio organismo condicionó ese cumplimiento a recibir oportunamente el presupuesto, los contenidos y las autorizaciones necesarias para iniciar la impresión.











