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Deportes

Ceremonia de inauguración en Canadá: butacas vacías, una copa inestable y un ambiente tibio

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No todo fue brillo y solemnidad en la ceremonia de inauguración del Mundial 2026 en territorio canadiense. El Estadio de Toronto, sede del primer partido que Canadá alberga como coanfitrión del torneo, presentó una imagen que contrastó con el despliegue visto días atrás en México: butacas vacías, contratiempos técnicos y un ambiente de escasa euforia.

Canadá había preparado una ceremonia más modesta que la mexicana, pero suficiente para no pasar desapercibida en su debut mundialista como anfitrión. Sin embargo, los planes no salieron como se esperaban.

La copa que se quería caer

Uno de los momentos más incómodos ocurrió durante la presentación musical de las cantantes Jessie Reyez y Elynna. En el centro de la cancha emergió una copa del mundo gigante, similar a la que se utilizó en la inauguración de México. Pero los amarres de la lona no estaban bien ajustados: el monumento tardó más en subir que en volver a bajar, y en más de una ocasión dio la impresión de que se iba a desplomar en pleno show.

Butacas vacías en el primer partido

Otro dato que llamó la atención fue la cantidad de asientos desocupados en el Estadio de Toronto, pese a tratarse del primer encuentro mundialista en suelo canadiense. La explicación, admitida incluso por los propios aficionados, es que el futbol no es el deporte rey en el país: los canadienses prefieren el hockey. Por lo tanto, la respuesta del público no podía compararse con la ferviente asistencia registrada en México.

Algunos análisis apuntan que la situación tal vez habría sido distinta si los precios de los boletos hubieran sido más accesibles para la población local.

Ambiente apagado dentro del estadio

La afición canadiense tampoco logró encender el ambiente. Afuera del inmueble, sí se concentró un grupo de seguidores con banderas y entusiasmo, pero dentro del estadio la emoción fue notablemente menor. Esa frialdad, coinciden algunos observadores, es lo que ocurre cuando la FIFA elige países con poca tradición futbolera para organizar un Mundial.

La misma interrogante se plantea para Estados Unidos, el tercer coanfitrión del torneo. El país vecino cuenta con infraestructura de primer nivel, pero el interés general por el futbol sigue siendo bajo en comparación con otras potencias deportivas.