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Crimen organizado y redes sociales: el asesinato de influencers expone la guerra digital del Cártel de Sinaloa
El reciente asesinato del influencer César Gastelum, ocurrido el 4 de agosto en Culiacán, Sinaloa, ha puesto al descubierto una realidad que las autoridades han preferido minimizar: el crimen organizado no solo libra una guerra territorial en las calles, sino que ha extendido su conflicto al universo digital, utilizando a los creadores de contenido como fichas en un tablero donde los likes, las vistas y los seguidores se han convertido en armas de dos filos.
El nuevo rostro del narco: lujo y algoritmo
Atrás quedaron las viejas tácticas de la violencia tradicional. Hoy, el narcotráfico se muestra frente a nuestras narices disfrazado de contenido aspiracional en TikTok, Instagram y otras plataformas. Autos de lujo, fajos de billetes, fiestas exuberantes y un estilo de vida inalcanzable para la mayoría se romantizan bajo el código del “contenido alucín”, atrayendo a millones de jóvenes vulnerables que idealizan ese mundo sin medir sus consecuencias.
Pero detrás de esa vitrina digital existe una operación financiera más siniestra. Según reveló Milenio hace un año, los influencers en Sinaloa han sido utilizados como testaferros para lavar dinero de “Los Chapitos” y “La Mayiza”, las dos facciones del Cártel de Sinaloa que se disputan el control de la organización. Los cárteles inyectan recursos a estos creadores para inflar sus cuentas y, una vez monetizadas, recaudan las ganancias, perpetuando así el financiamiento de actividades ilícitas.
Una guerra que dejó nueve muertes
Desde septiembre de 2024, al menos nueve influencers han sido asesinados en lo que parece ser un patrón sistemático vinculado al conflicto entre facciones del Cártel de Sinaloa, según documentó El País. La lista de víctimas incluye:
- Jesús Miguel Vivanco García, “El Jasper” (Culiacán, 23 de noviembre de 2024)
- Leobardo Aispuro Soto, “Gordo Peruci” (Culiacán, 9 de diciembre de 2024)
- Agustín Paul, “El Pinky” (Culiacán, 10 de enero de 2025)
- Adalberto Peña, “El Tata” (Culiacán, 23 de enero de 2025)
- Víctor Manuel, “El Brasileño” (Culiacán, 26 de marzo de 2025)
- Gil Castro, “Gail Toys” (Ensenada, Baja California, 28 de marzo de 2025)
- Gerardo Moya, “El Jerry” (Culiacán, 16 de noviembre de 2025)
- Camilo Ochoa, “El Alucín” (Morelos, 16 de agosto de 2025)
- César Gastelum (Culiacán, 4 de agosto de 2026)
El medio español resalta que todos ellos aparecieron previamente en “narco volantes” —panfletos lanzados desde drones— en Culiacán durante el inicio de la ruptura del Cártel de Sinaloa en 2025, una suerte de sentencia de muerte que, para muchos, se cumplió.
La captura de “El Mayo” y la escalada digital
La escalada de violencia que sacudió a Sinaloa tras la captura de Ismael “El Mayo” Zambada junto a Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo”, en julio de 2024, no se quedó en las calles. La división del cártel en dos facciones enfrentadas —”Los Chapitos” y “La Mayiza”— buscó nuevas trincheras, y encontró en las redes sociales un campo de batalla perfecto. Los influencers, con su alcance masivo y su aparente inofensividad, se convirtieron en blancos fáciles y en piezas de propaganda para ambos bandos.
El silencio de las autoridades
A pesar de la evidencia, las autoridades han mantenido una postura de negación. Excepto en el caso de César Gastelum, cuya investigación considera una “posible” relación con un grupo delictivo, los demás asesinatos han sido clasificados como “homicidios dolosos” o conflictos entre civiles, sin señalar formalmente la participación del crimen organizado.
“Es una clásica ya conocida: aquí no pasa nada”, resume la percepción ciudadana. Los asesinatos de influencers se cuentan en las estadísticas generales de violencia, pero el patrón sistemático que los vincula con el narcotráfico sigue sin ser reconocido oficialmente. Mientras tanto, la pregunta queda en el aire: ¿cuántos más quedarán vulnerables ante esta negación?
El fenómeno expone una realidad incómoda: el crimen organizado ha encontrado en los creadores de contenido un nuevo vehículo para expandir su poder, y la guerra ya no solo se libra con balas, sino con algoritmos.











