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El repunte económico de México en el segundo trimestre: las exportaciones como motor y los desafíos que se avecinan

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El Producto Interno Bruto (PIB) de México creció un 1.5% durante el segundo trimestre del año en comparación con el periodo inmediato anterior, según los datos preliminares dados a conocer este jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). La cifra no solo revierte la contracción del 0.6% registrada en los primeros tres meses del año, sino que además supera ligeramente las expectativas de los analistas, quienes proyectaban un avance del 1.4%.

En términos interanuales, el crecimiento fue del 2.2%, muy por encima del 1.6% pronosticado por el mercado y considerablemente superior al magro avance revisado del 0.1% observado en el primer trimestre. La locomotora de este repunte han sido las exportaciones, que han actuado como un verdadero salvavidas para una economía que arrastra 19 meses consecutivos de caída en la inversión fija bruta, tendencia que solo mostró un respiro en abril, gracias al incremento del gasto público.

Las cifras de junio resultaron particularmente alentadoras: las ventas al exterior se dispararon más del 34% respecto al mismo mes del año anterior, lo que a su vez permitió que el superávit comercial prácticamente se duplicara, alcanzando los 4,090 millones de dólares.

Sin embargo, no todo son buenas noticias en el frente doméstico. El Banco de México (Banxico) decidió el mes pasado poner fin a un ciclo de recortes en las tasas de interés que se había extendido por casi dos años. La medida respondió a las presiones inflacionarias derivadas del conflicto bélico con Irán, y la institución ha adelantado que, de cara a los próximos meses, “será apropiado mantener la tasa de referencia” en su nivel actual del 6.50%. Esta postura restrictiva podría enfriar aún más el gasto interno.

Ante este panorama, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha desplegado un paquete de iniciativas que incluyen incentivos fiscales y la simplificación de los procesos para la aprobación de inversiones, con el objetivo de dinamizar el gasto del sector privado. No obstante, estas medidas aún no se traducen en resultados tangibles, lo que deja a la economía mexicana en una posición de alta vulnerabilidad, con una dependencia crítica de las exportaciones, cuyo principal destino sigue siendo Estados Unidos.

El panorama comercial, precisamente, añade un ingrediente de incertidumbre. La semana pasada, funcionarios de México y Estados Unidos sostuvieron en la capital mexicana la tercera ronda de negociaciones para la revisión anual del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Durante estas conversaciones, la delegación estadounidense planteó la exigencia de que México alinee su política arancelaria con la de Washington en materia de acero y aluminio chinos, imponiendo gravámenes a las importaciones provenientes de fuera de la región de Norteamérica.

A pesar de que el acuerdo sigue otorgando a México acceso preferencial al mercado estadounidense, la sombra de Donald Trump vuelve a proyectarse sobre el futuro del tratado. El expresidente y actual candidato republicano ha sembrado nuevas dudas al señalar que no tiene interés en actualizar el pacto, un giro discursivo significativo si se considera que durante su primera administración lo presentó como uno de los mayores logros de su política comercial.

El crecimiento del segundo trimestre, aunque positivo, plantea entonces un desafío de fondo para la administración Sheinbaum: ¿cómo diversificar las fuentes de crecimiento y fortalecer el mercado interno para que México no dependa de un solo motor, por más potente que este sea, en un entorno global cada vez más complejo y volátil?