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Khalid Sheikh Mohammed sigue sin ser juzgado 20 años después de su llegada a Guantánamo

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Dos décadas después de que las autoridades estadounidenses recluyeran a Khalid Sheikh Mohammed en un centro de detención militar en Cuba, el presunto autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre no parece estar mucho más cerca de ser llevado a juicio que el día en que llegó.

Un juez militar estableció recientemente el 5 de junio de 2028 como fecha para el juicio de Mohammed y otros tres acusados por los atentados, pero algunos abogados pronostican que este nunca se celebrará, ni ese año ni ningún otro. Sostienen que el laberinto de cuestiones legales surgido a raíz de la tortura a la que fue sometido tras su captura en Pakistán en 2003 es demasiado enrevesado como para desenredarse algún día.

Una confesión contaminada y un acuerdo fallido

A finales de agosto, el juez militar que fijó la fecha del juicio dictaminó que los fiscales no podían usar una supuesta confesión que Mohammed hizo al FBI en 2007. Esas declaraciones se consideraron contaminadas porque el acusado fue sometido en el extranjero a “técnicas de interrogatorio reforzadas”, como el ahogamiento simulado conocido como waterboarding.

Aunque el fallo representó un golpe para la fiscalía, el gobierno estadounidense decidió no apelar, en parte porque hacerlo podría haber retrasado aún más un posible juicio.

El camino hacia una resolución ha estado plagado de obstáculos. Una fugaz iniciativa para juzgar a Mohammed en un tribunal civil de Nueva York fue acallada hace años por preocupaciones de seguridad. Un acuerdo de culpabilidad que lo habría mantenido encarcelado de por vida, pero lo habría librado de una posible ejecución, comenzó a desmoronarse poco después de su anuncio en 2024 y finalmente se descartó de forma definitiva el año pasado.

“Todo está contaminado por la política y la falta de rendición de cuentas por la tortura”, afirmó Joshua Dratel, un abogado que ayudó a garantizar que Mohammed tenga una representación legal adecuada.

Dos décadas en Guantánamo

Mohammed sigue encarcelado en la bahía de Guantánamo, adonde fue trasladado el 5 de septiembre de 2006, después de pasar más de tres años en prisiones secretas en otros países. Fue capturado en Pakistán en 2003 y acusado de planear y dirigir los atentados del 11 de septiembre como dirigente del grupo militante islámico Al Qaeda.

Parte de los retrasos en sus procedimientos legales derivan del trato que recibió tras quedar bajo control estadounidense. Un informe del Senado señaló su prolongada tortura bajo custodia de la CIA, que incluyó 183 sesiones de waterboarding.

Las familias esperan justicia

Terry Strada, cuyo esposo, Tom, murió en el World Trade Center el 11 de septiembre, afirmó que ella y otras personas que perdieron a familiares aún esperan que algún día se celebre un juicio. “De verdad queremos ver que esto llegue a su fin en algún momento. Queremos ver que se haga justicia. Es igual de importante que hace 25 años”, manifestó.

Sin embargo, Strada, presidenta nacional del grupo 9/11 Families United, señaló que preferiría que Mohammed se pudra en la bahía de Guantánamo indefinidamente antes que respaldar una resolución que eliminara la pena de muerte como posibilidad.

Expresó que le preocupa que, si Mohammed no es ejecutado, futuros líderes estadounidenses puedan sentirse tentados algún día a canjearlo por estadounidenses retenidos como prisioneros en otras partes del mundo. La pena de muerte, dijo, “se ajusta al crimen y evitaría que eso ocurriera alguna vez. Y eso es importante para mí”.

El juicio civil que nunca fue

En 2009, pareció durante un tiempo que Mohammed viajaría a Nueva York, después de que el entonces fiscal general Eric Holder anunciara planes para juzgarlo a él y a otros cuatro hombres acusados por los atentados en un tribunal de Manhattan, a solo unas cuadras del lugar donde estaba el World Trade Center.

El entonces presidente Barack Obama, quien había prometido cerrar el centro de detención de Guantánamo, dijo que Mohammed enfrentaría “las exigencias más rigurosas de la justicia”. Pero casi de inmediato surgió la oposición. Algunos críticos pronosticaron que el acusado usaría el juicio como plataforma para difundir opiniones de odio contra Estados Unidos y sus aliados. Otros citaron preocupaciones de seguridad, al afirmar que podría convertir de nuevo a Nueva York en un objetivo terrorista.

El exalcalde republicano de la ciudad, Rudy Giuliani, calificó el plan de imprudente y dijo que mostraba “una falta de preocupación por los derechos del público”.