Internacional
Preparativos cuestionados: personal médico de Estados Unidos denuncia entrenamiento insuficiente para misión contra ébola en África

Treinta profesionales del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos se reunieron el mes pasado en la Base Conjunta Andrews, en Maryland, con la misión de prepararse para un despliegue en África. Su objetivo: atender a ciudadanos estadounidenses expuestos al letal brote de ébola que ya ha cobrado la vida de 293 personas en el continente.
Sin embargo, lo que debía ser un entrenamiento riguroso se convirtió en una experiencia caótica y apresurada, según testimonios de los propios participantes, quienes solicitaron el anonimato por temor a represalias.
Capacitación de apenas tres días y 90 minutos de práctica real
La sesión de adiestramiento se limitó a tan solo tres días, y los asistentes apenas dispusieron de 90 minutos para realizar una simulación completa sobre cómo interactuar de manera segura con un paciente infectado por ébola, un virus que se transmite a través de mínimas gotas de fluidos corporales y provoca hemorragias internas, vómitos con sangre y diarrea severa.
La mayor parte del tiempo, denunciaron, se dedicó a trámites burocráticos: revisión de historiales médicos, documentos de viaje y verificación de esquemas de vacunación, en lugar de entrenamiento práctico para enfrentar una de las enfermedades más letales del mundo.
Esta situación generó alarma entre los supervisores del operativo, incluidos funcionarios designados políticamente por el Pentágono y el propio almirante Brian Christine, urólogo que funge como subsecretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y supervisa al Cuerpo de Oficiales del Servicio de Salud Pública.
Misión en Kenia: ¿respuesta eficaz o estrategia política?
El operativo forma parte de los esfuerzos de Washington por construir y dotar de personal a una unidad de aislamiento de emergencia en la base aérea de Laikipia, en Kenia, destinada a atender a estadounidenses expuestos a la cepa Bundibugyo del ébola, una variante poco común para la que no existe vacuna ni tratamiento con anticuerpos aprobados.
La Casa Blanca defiende la iniciativa argumentando que el centro permitirá brindar atención médica más rápida a militares, médicos y voluntarios estadounidenses que enfrentan la crisis en terreno africano, donde cada minuto es vital.
No obstante, los críticos consideran que se trata de una estrategia del presidente Donald Trump para evitar que los pacientes con ébola lleguen a territorio estadounidense y generen una cobertura mediática negativa. Señalan, además, que el centro fue improvisado en cuestión de días y está siendo atendido por personal con entrenamiento insuficiente, lo que pondría en riesgo a los propios trabajadores sanitarios.
Denuncias y respuestas oficiales
Quienes cuestionan el enfoque también recuerdan que, tras el brote de ébola de 2014 en Estados Unidos, el gobierno federal creó una red de centros de tratamiento de vanguardia —y de alto costo— precisamente para atender este tipo de emergencias, por lo que no se justifica improvisar una instalación en África con personal mal preparado.
“Es difícil decirle a alguien: ‘Deberías ir a ayudar a combatir esta enfermedad, pero si te enfermas, no podrás regresar'”, declaró Ron Klain, exjefe de gabinete del presidente Joe Biden y excoordinador de la respuesta al ébola durante la administración Obama.
Por su parte, el Departamento de Salud y Servicios Humanos salió al paso de las críticas. La portavoz Emily Hilliard aseguró que los oficiales desplegados cuentan con una amplia gama de conocimientos especializados —médicos, enfermeras e ingenieros— y que cada uno completó una capacitación especializada específica para la misión.
“Las afirmaciones de que los agentes del Servicio de Salud Pública de EE.UU. fueron desplegados sin la preparación adecuada son simplemente falsas”, sostuvo Hilliard. “Estos agentes dedican sus carreras a proteger la salud de nuestra nación, y su seguridad sigue siendo una prioridad absoluta”.
Agregó que la capacitación incluyó ejercicios sobre manejo de equipos de protección, procedimientos de cuarentena, prevención de infecciones y atención clínica.
El desafío de la cepa Bundibugyo
A diferencia de la cepa Zaire, más común y para la cual existen vacunas, la variante Bundibugyo representa un desafío adicional: no cuenta con inmunización aprobada ni tratamientos con anticuerpos. Para complicar aún más el panorama, la reducción en la financiación de la ayuda internacional ha limitado el rastreo y seguimiento de casos, herramientas fundamentales para contener el brote.
La cepa puede provocar fiebre alta repentina, inflamación generalizada, hemorragias internas y una caída drástica de la presión arterial, con una letalidad que mantiene en alerta a las autoridades sanitarias de todo el mundo.
Mientras el brote avanza y las críticas crecen, la administración estadounidense insiste en que el centro en Kenia es la mejor opción para proteger a sus ciudadanos en África, aunque los testimonios de los propios trabajadores de la salud siembran dudas sobre si realmente están preparados para enfrentar el peligro que les espera.











