Connect with us

Politica

El yerno de Trump en la mira: Joshua Kushner y el fallido plan de privatizar el Mundial

Publicado hace

en

El escándalo en torno al frustrado plan de Gianni Infantino para vender parte del Mundial a inversores privados tomó un nuevo y espinoso giro cuando se reveló que la empresa llamada a liderar la operación pertenece a Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

La revelación, confirmada por la propia FIFA en su comunicado original, ha encendido todas las alarmas sobre los vínculos entre el máximo organismo del fútbol mundial y el círculo más cercano al mandatario estadounidense, en medio de crecientes cuestionamientos sobre la transparencia del proceso.

Un nombre que incomoda

Joshua Kushner, fundador y presidente de Thrive Eternal, es el socio capitalista que encabezaría la compra del 20% de las acciones comerciales de FIFA Forward Enterprise (FFE), la empresa que Infantino proyectaba crear para canalizar la inversión privada en los torneos de la FIFA.

Pero su apellido no es cualquier apellido: es hermano de Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump y, por tanto, yerno del presidente de Estados Unidos. Un detalle que, para muchos, convierte la operación en un asunto de interés geopolítico y no meramente deportivo.

Trump asegura no saber nada… ¿pero es creíble?

Este jueves 31 de julio, durante una rueda de prensa, Donald Trump fue cuestionado directamente sobre si había sostenido conversaciones con Gianni Infantino previas al anuncio del plan de privatización. La respuesta del mandatario fue breve y evasiva: dijo que no.

Sin embargo, la cercanía entre ambos es un hecho público y documentado. Trump e Infantino han compartido escenarios en múltiples ocasiones, desde reuniones en la Casa Blanca hasta eventos deportivos internacionales. Ante este panorama, la pregunta que ronda en los corredores del poder y del deporte es inevitable:

¿Cómo es posible que Infantino no haya mencionado a Trump que su plan de vender el Mundial involucraba al hermano de su yerno, sabiendo que esto generaría un terremoto mediático y político?

La respuesta, para muchos analistas, es que sí lo sabía. O al menos, que el presidente estadounidense no pudo haber estado completamente ajeno a una operación que beneficiaba directamente a su familia política.

El comunicado de la FIFA no deja lugar a dudas

Aunque Infantino insiste en que los inversores serían seleccionados mediante un proceso abierto a largo plazo, la propia FIFA dejó claro desde el primer momento quién encabezaría el grupo:

“Se espera que Thrive Eternal, una sociedad de cartera de capital permanente, lidere el grupo de inversores propuesto para FFE”, señala el texto oficial del organismo.

Esa frase, contenida en el comunicado original de la FIFA, echa por tierra cualquier intento de sugerir que el proceso estaba en una fase embrionaria o que los nombres aún no estaban definidos. Desde el principio, el hermano del yerno de Trump aparecía como el inversionista estrella.

Una casualidad demasiado cómoda

La defensa de Trump —”no sabía nada, no hablé con Infantino”— choca contra un muro de evidencias circunstanciales que difícilmente pueden ignorarse:

  • Infantino y Trump mantienen una relación fluida y pública.
  • El plan de privatización beneficiaría directamente a un fondo vinculado a la familia política del presidente.
  • La FIFA confirmó desde el arranque a Thrive Eternal como líder del grupo inversor.
  • El anuncio se produjo sin consultar a las federaciones, en medio de un hermetismo que la UEFA calificó como “turbio y opaco”.

¿Conflicto de intereses o simple coincidencia?

Para los críticos, el entramado tiene todos los ingredientes de un conflicto de intereses de proporciones mayúsculas. Para los defensores de la administración Trump, no es más que una coincidencia que un fondo de inversión legítimo buscara participar en un negocio global.

Pero incluso los más optimistas reconocen que la imagen de transparencia de la FIFA, ya golpeada por escándalos pasados, sale nuevamente lastimada. La pregunta que persiste, y que no parece tener respuesta sencilla, es si realmente Donald Trump ignoraba que el hermano de su yerno estaba a punto de convertirse en socio del Mundial.

Un capítulo que no cierra

Aunque la UEFA logró frenar la privatización, el episodio dejó al descubierto las grietas en la gobernanza del fútbol mundial y las peligrosas intersecciones entre el deporte, la política y el poder económico.

Mientras Infantino insiste en que la idea era “modernizar” la FIFA, el fantasma del nepotismo y la opacidad vuelve a rondar los pasillos de Zúrich. Y Trump, por más que lo niegue, queda inevitablemente salpicado por el apellido Kushner.