Economía
El Mundial 2026, el blanqueo de capitales y el anonimato: el nuevo tablero del crimen organizado
El torneo no solo mueve pasiones y récords deportivos: según estimaciones de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC), el volumen de apuestas vinculadas al Mundial 2026 superará los 50.000 millones de dólares, una cifra que casi duplica los 35.000 millones registrados en la edición de Qatar 2022. Este caudal de dinero, sumado a la efervescencia mundial que genera el evento, convierte al certamen en un imán para el lavado de activos.
De las casas tradicionales a los mercados de predicción
El esquema delictivo ha evolucionado. Si bien los casinos y las casas de apuestas tradicionales —sujetos a regulaciones y controles de identidad— siguen siendo utilizados, el foco de atención del crimen organizado se ha desplazado hacia los mercados de predicción descentralizados. Se trata de plataformas donde los usuarios apuestan entre sí, a menudo utilizando criptomonedas, sin que medie una entidad que verifique su identidad.
Este vacío legal, especialmente palpable en países como México donde estas plataformas carecen de regulación, ofrece un manto de anonimato que resulta un imán para los grupos ilícitos.
El modus operandi, detallado por GI-TOC, sigue una ruta meticulosa: los delincuentes crean cuentas en plataformas que no exigen identificación, depositan fondos ilícitos previamente convertidos en criptomonedas y realizan apuestas contra otros usuarios. La plataforma actúa como un mero intermediario que empareja operaciones y liquida pagos. Una vez obtenidas las ganancias —teóricamente “limpias”—, estas se transforman en stablecoins (activos digitales vinculados al valor del dólar) y finalmente en divisas convencionales, no sin antes pasar por una maraña de billeteras digitales y tokens diseñada precisamente para desorientar a los rastreadores.
“Sin vínculos de identidad claros, rastrear quién controla los fondos resulta mucho más difícil que en los entornos tradicionales de apuestas o banca”, advierte el informe.
Información privilegiada y manipulación
A este riesgo se suman otros dos: el uso de información privilegiada (como ocurrió con la captura de Nicolás Maduro, que reportó a un soldado una ganancia de 400.000 dólares) y la propia manipulación de resultados para garantizar el pago de las apuestas. En este contexto, la alianza anunciada por la FIFA en abril con ADI Predictstreet, que incorpora un sistema de integridad para monitorear operaciones sospechosas, adquiere una relevancia crítica, aunque su efectividad aún está por verse ante la magnitud del desafío.
El otro frente: las casas de apuestas tradicionales
Paralelamente, las casas de apuestas convencionales, pese a sus filtros, no están exentas de riesgo. Las organizaciones criminales utilizan redes de cuentas que realizan apuestas compensatorias para asegurar el retiro del saldo, o recurren a plataformas sin licencia que operan en la clandestinidad.
En México, un caso reciente destapó la magnitud del problema. En noviembre de 2025, las autoridades congelaron las operaciones de 13 casinos de apuestas por presuntos nexos con el narcotráfico. La investigación reveló que los operadores utilizaban a estudiantes, personas de escasos recursos y ciudadanos sin actividad económica formal como prestanombres para realizar movimientos que simulaban operaciones legítimas, para luego recuperar el dinero mediante cheques, pagos por servicios o compras no verificables.
“Las transacciones y los beneficios de las apuestas deportivas con fondos ilícitos se mueven a través de una infraestructura fragmentada que complica la supervisión”, subraya el análisis de GI-TOC.
Polymarket y el desafío de la transparencia
Plataformas como Polymarket, una de las más conocidas a nivel internacional en el ámbito de las predicciones, operan sin regulación específica en muchos mercados y han alcanzado un volumen cercano a los 9.000 millones de dólares solo en abril de 2026. El principal quebradero de cabeza para las autoridades es que la identidad de millones de titulares de cuentas permanece oculta, un obstáculo mayúsculo para investigar operaciones financieras ilícitas.











