Internacional
Tensión en el Golfo: Estados Unidos ataca lanzadores iraníes e Irán responde con misiles balísticos
Una nueva escalada de tensión sacudió la región del Golfo Pérsico este fin de semana, luego de que fuerzas militares de Estados Unidos atacaran dos lanzadores de cohetes pertenecientes a la Guardia Revolucionaria de Irán en la isla de Larak, ubicada en las proximidades del estratégico Estrecho de Ormuz, informaron fuentes oficiales.
El ataque estadounidense, llevado a cabo el sábado 30 de agosto, tuvo como objetivo equipos que, según funcionarios de Washington, se estaban preparando para desplegar minas marítimas en la zona, una acción que habría puesto en riesgo la navegación en una de las rutas petroleras más transitadas del mundo.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria de Irán lanzó una andanada de misiles balísticos contra posiciones estadounidenses, con impacto específico en las regiones de King Hussein y Al Azraq, donde se encuentran desplegadas fuerzas de EE.UU. en territorio jordano.
Sistemas antimisiles contienen el ataque iraní
De acuerdo con los primeros reportes, la mayoría de los proyectiles disparados por Teherán fueron interceptados por los sistemas de defensa antimisiles desplegados en la zona, lo que habría evitado daños significativos en las instalaciones estadounidenses. Hasta el cierre de esta edición, no se ha informado sobre víctimas mortales ni heridos en ninguno de los bandos.
Las autoridades de Estados Unidos no han emitido un comunicado oficial detallado sobre los hechos, aunque fuentes cercanas al Pentágono confirmaron que los lanzadores atacados en Larak representaban “una amenaza inminente” para los intereses estadounidenses y la seguridad marítima en la región.
Escalada en un escenario volátil
El incidente eleva la tensión en una región ya de por sí compleja, marcada por décadas de hostilidad entre Washington y Teherán, así como por la presencia de múltiples actores regionales con intereses encontrados. El Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en un punto crítico de fricción recurrente.











