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Internacional

Hamás disuelve su gobierno en Gaza y allana el traspaso a un comité tecnócrata en medio de la fragilidad de la tregua

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En un movimiento que busca desbloquear el estancado acuerdo de paz, el gobierno de Hamás en la Franja de Gaza anunció este lunes su autodisolución y la transferencia de facultades a un comité de tecnócratas palestinos, tal como estipula el pacto de alto al fuego mediado por Estados Unidos. El portavoz Ismail al Thawabta confirmó la decisión en una rueda de prensa celebrada en el centro del enclave, marcando un giro inédito en la administración del territorio desde que el grupo islamista tomó el control en 2007.

En concreto, se disolvió el llamado Comité de Emergencia del Gobierno de Gaza, creado tras los ataques del 7 de octubre de 2023 para gestionar la Franja en medio de la guerra. Su responsable interino, Muhammad Abdul Jaliq al Farra, presentó su dimisión. A partir de ahora, solo el “personal técnico y profesional” permanecerá en sus puestos, según reza el comunicado oficial, con el fin de “garantizar la continuidad de los servicios a nuestro pueblo palestino y evitar un vacío administrativo”.

El testigo debe recogerlo el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés), un grupo de funcionarios independientes creado en el marco de la tregua de octubre de 2025. Sin embargo, la realidad sobre el terreno dista mucho del guion previsto: Israel aún no ha autorizado la entrada de ese comité en el enclave, lo que mantiene en el limbo la transferencia efectiva del poder. Hamás, no obstante, asegura haber recibido “garantías” de que los preparativos para el traspaso están completos.

“Hoy no sólo reafirmamos nuestra posición de principios, sino que la traducimos en acciones concretas”, declaró Al Thawabta, quien instó a “todas las partes interesadas a agilizar la entrada inmediata del NCAG para que asuma sus funciones y fortalezca la resiliencia de nuestro pueblo”.

El anuncio se produce tras las conversaciones celebradas en El Cairo entre las distintas facciones palestinas, diseñadas para desatascar la implementación del alto el fuego. Pero los acuerdos firmados hace meses avanzan a paso de tortuga. Sobre el terreno, los ataques israelíes son casi diarios; Hamás no ha depuesto las armas; la reconstrucción del enclave sigue sin comenzar, y cientos de miles de gazatíes sobreviven en precarias tiendas de campaña entre los escombros.

La decisión de Hamás puede interpretarse como un gesto de buena voluntad para presionar a Israel y a la comunidad internacional a cumplir su parte del trato. Pero el escepticismo abunda entre los analistas, que ven en este movimiento una maniobra para ganar tiempo mientras el grupo islamista conserva el control real de la seguridad y el armamento en el territorio.